Proyecto A1

Futuro, futurismo, futuros y retrofuturismo

¡Qué se acaban!

Publicado por Alonso Alvarez en 2009/06/17


Esto de la predicción del agotamiento tiene su tradición, incluso familiar. Ya mi tatarabuela decía que sus nietos no tendrían leña para cocinar … y así ha sido. También por esa época se trataba con preocupación de la inminente escasez de aceite de ballena para la iluminación. ¡Oh tempora!

Esto pronosticar males debe tener su punto de satisfacción y muchos aficionados. Es más, parece que le damos más credibilidad a cualquier predicción de escasez, agotamiento o aniquilación que a las más optimistas. Claro que a fuerza de oír anuncios de males, podemos sucumbir a la maldición de Casandra e ignorar aquellos que sí van a acabar cumpliéndose.

Sin salirse de las materias primas, y sin necesidad de remontarse a Malthus (otro tema pendiente), la historia de los anuncios de agotamiento de materias primas tienen cierta tradición. Si nos quedamos sólo con el petróleo, leo en Paleofuture (vía Tecnología Obsoleta), que en 1909 el Servicio Geológico Norteamericano pronosticó el final del hierro y el petróleo en 1939, y el gas natural en 1934 (el carbón por su parte, se agotaría a mediados de este siglo). El Ministerio de Minas norteamericano, predijo en 1914 que su petróleo se agotaría en 10 años. La misma predicción se hizo desde el Ministerio del Interior en 1939 y 1951, y en 1972 por el Club de Roma. Lo único cierto es que se sigue extrayendo petróleo en varios campos de Estados Unidos, aunque su máximo de producción, el “peak oil” (o pico petrolero) se alcanzó a principios de los años 70, y sí fue correctamente predicho –e ignorado- por Hubbert.

Este “peak oil”, pero ya con alcance global, se lleva pronosticando desde hace tiempo en un rango de fechas que van desde hace cuatro años a dentro de veinte. Es indudable que el petróleo no se crea y sí se destruye, y que el consumo no deja de crecer, lo que nos llevará al final a un momento de sustitución, bien por escasez, bien por tecnología.

Escenarios de peak oil

Escenarios de peak oil

Cada escasez supone una subida de precios y con ella la búsqueda de nuevas fuentes, la invención de alternativas, y mejoras en la eficiencia con la que usa el recurso. Es lo que ocurrió con la leña el aceite de ballena. Lo malo es cuando se tiene la impresión de que no se agotará jamás.

El paladio ha aumentado espectacularmente consumo y precio debido a que sustituye al platino, mucho más escaso y caro. La chatarra ha tenido su particular “fiebre del oro” empujada más por el precio que por el reciclado.

Evolución del precio del paladio

Evolución del precio del paladio

El siguiente gráfico aventura el tiempo que resta para unas cuantas materias primas, contando con proyecciones de consumo crecientes, reservas conocidas y estimadas. En el mismo artículo (“Earth’s natural wealth: an audit” en NewScientist) hay un gráfico con el origen de esos productos, y otro con consumo de materias primas a lo largo de la vida de un norteamericano medio, que suele ser aproximadamente el doble que un europeo y multiplica varias veces a otras sociedades:

Escasez

Si consideramos el enorme esfuerzo que significa extraer bauxita (por ejemplo en Australia), separar la alumina (por ejemplo en Islandia), generar aluminio bruto (por ejemplo en China), producir un bote (por ejemplo en Polonia), rellenarlo de líquido y que la aplicación final sea consumirlo en minutos (por ejemplo en España) para que acabe en el mejor de los casos en un vertedero, parece que estamos haciendo méritos para que se vuelva escaso antes de los 510 años que se le atribuyen.

De todo lo leído últimamente sobre futuras escasez, la más extraña de todas es la futura (entre 100 y 1.000 millones de años) carestía de dióxido de carbono, fijado en las rocas, y que impediría sobrevivir a las plantas y con ellas. Lo mejor es ya hay un catálogo de soluciones para ese –nada- inminente acontecimiento: extraerlo de la caliza, o reducir la presión atmosférica. Vamos a tener que decir: pobres nuestros tatara, tatara, tatara, …, que no tendrán CO2 para sus plantas.

Una respuesta hacia “¡Qué se acaban!”

  1. [...] ¡Qué se acaban! [...]

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