Fotovoltaica: bonito futuro, malas perspectivas
Posted by Alonso Alvarez en 2009/09/14
Hay que reconocer que es una idea muy buena: recoger la energía que recibimos del sol y convertirla directamente en electricidad. Es casi tan buena idea como la fotosíntesis aunque sigue pendiente de resolver el almacenamiento de la energía producida.
En el estupendo Information is Beautiful han calculado (y dibujado) la superficie terrestre necesaria para proporcionar la energía consumida en 1980, 2008 (366.375 Km2) y 2050:
Concluyen que si se construyeran las granjas solares a la misma velocidad a la que se desforesta, estaría hecho en 3 años.
Esta es otra forma, igualmente impactante (via GOOD) de ver el potencial del aprovechamiento directo de la energía solar:
¿Qué es lo que nos falta para llegar a la situación que describe la primera imagen? Básicamente tecnologías que reduzcan los elevadísimos costes actuales de los sistemas fotovoltaicos. Aunque los avances son constantes, como se recoge en “More Efficient, and Cheaper, Solar Cells” en Technology Review, en la misma revista, en su número de septiembre, se muestra un escenario bastante sombrio.
“Chasing the Sun” (disponible para suscriptores) es un artículo de una serie en la que se analiza el esfuerzo en inversiones públicas de los llamados paquetes de estímulo de la administración estadounidense. Las energías en general, y las renovables especialmente son las que reciben mayor atención en forma de fondos. Sin embargo, no parece que el impacto de esas inversiones vaya a ser decisivo: la energía eólica o la termo-solar (que usa el calor para calentar un líquido para mover turbinas) son rentables o están en la senda de serlo. La tecnología fotovoltaica, a pesar de recibir una atención privilegiada no es capaz de aportar simultaneamente las dos caracterísiticas necesarias para que dé el gran salto: eficiencia y bajo coste.
Muchos de los proyectos basados en tecnologías fotovoltaicas sólo son viables con el apoyo público, lo que los hacen muy vulnerables a cambios de criterio político o a la disponibilidad de esos fondos. Incluso con al apoyo económico actual, el impacto va a ser bajo: un 20% de capacidad en 2030, y una reducción de CO2 global de 0,6%.
Muchos de los principales interesados reconocen que queda aún mucho tiempo por delante, aunque reconocerlo públicamente suponga que “los tomates vuelen en la sala”. Un aumento dramático del uso de las tecnologías actuales tendría poco impacto en el coste, haciendo inviable la recuperación del coste. La inversión pública no parece estar dando los resultados observados en otras tecnologías en desarrollo.
La versión fotovoltaica de la energía solar, que ha demostrado ser una gran solución en entornos extremos, aislados o de difícil acceso, parece lejos aún de un despliegue masivo. Sólo espero que el plazo que algunos aventuran (40 años para operar sin dependencias financieras) resulte exageradamente largo.



