Hubiera sido uno más de los economistas clásicos en lugar de uno de los autores más denigrados, sobre todo en su tiempo, pero el reverendo Thomas Robert Malthus tuvo la ocurrencia de hacer cuentas y pensar en el futuro. Y sus cuentas fueron que con una población de 15-16 millones de habitantes en la Gran Bretaña de su tiempo (año 1800, frente a los 65 actuales) y un crecimiento inédito hasta esos días, la población rebasaría la capacidad de producir alimentos de la agricultura tradicional de su época.
Hoy Malthus parece el ejemplo de agoreros y de catastrofistas, y en su tiempo no fue mucho mejor. Sin embargo, su libro “Ensayo sobre el principio de la población” se basa en unos principios aplicados hoy en todo tipo de predicciones: desde el oil peak a los modelos de predicción del clima o GCM. Desprovisto de ecuaciones y datos numéricos, Mathus intuye un modelo en el que la población crece exponencialmente y la capacidad de producir alimentos aritmética o linealmente.

Las curvas de población y recursos de Malthus
Las consecuencias previstas por Malthus como escasez, hambre, o enfermedades conformaban un mecanismo regulatorio de la población que haría que se mantuviera estable, aunque a costa de periódicos desastres, las catástrofes maltusianas, que de forma drástica regulan población y recursos.
Lo que no pudo anticipar es que la expansión del comercio y, sobre todo, las mejoras tecnológicas en la agricultura harían que la producción de alimentos creciera a un paso similar al de la población, y que nos llevara a cifras fabulosas como los más de 6.500 millones de habitantes del planeta de hoy en día frente a los algo menos de 1.000 millones de hace dos siglos (y puede que unos 200 al comienzo de nuestra era). Otra magnitud asombrosa es el número de años para doblar la población que se ha reducido desde 200 en tiempos de Malthus, a unos 50 en la actualidad.
Evolución de la población mundial
No sólo ha cambiado el número, también lo ha hecho, y mucho, la distribución de la población. Por ejemplo, hace dos siglos, Europa contenía a la quinta parte de la Humanidad. Hoy sólo a un 5%.
A pesar del descrédito del maltusianismo, a mediados del siglo XX el estudio de la evolución de la población empezó a mostrar signos alarmantes. En 1972, el Club de Roma, un prestigioso think tank que estudia el desarrollo sostenible, publicó el informe “Los límites del crecimiento” que se basaba en el uso de modelos matemáticos producidos por el MIT. Las conclusiones hubieran sido firmadas por Malthus: una vez más, el crecimiento exponencial de la población suponía una presión insostenible sobre los recursos, llegando a predecir, por ejemplo, un agotamiento del petróleo en 1990 que, obviamente no aconteció (entre otras cosas debido a la aparición de nuevas reservas). El informe se actualizó unos años más tarde, y siguió poniendo el foco en la presión sobre los recursos de una población que no deja de crecer, y que posiblemente haya rebasado el tamaño sostenible que puede soportar la Tierra.
La nueva edición pronostica hambrunas catastróficas para el siglo XXI, pero más allá de los números (que demostraron se poco fiables en la primera versión), la principal contribución del Club de Roma es la introducción de los conceptos de limitación de recursos y desarrollo económico y humano sostenible.

La presión sobre los recursos pesqueros
A mediados de los años 60, había lugares en la Tierra donde las hambrunas crónicas actuaban como ese mecanismo de regulación natural identificado por Malthus. Lo cierto es que aún hoy sigue habiendo estos lugares. Pero hace cincuenta años el paradigma era la India, y fue uno de los lugares donde se aplicaron en mayor escala las técnicas de la llamada Revolución Verde. Se trató de la difusión de los nuevos modos de agricultura mecanizada y tecnificada en un país en desarrollo. La renovación de la agricultura está en la base del crecimiento de la población que asustó a Malthus, y a mediados del siglo XX se había convertido en una combinación del uso de fertilizantes, nuevas variedades y mecanización. El caso hindú es el paradigma, y hoy se habla de una nueva revolución que haga algo similar por África.
En el excelente artículo “The Global Food Crisis” en National Geographic se habla de la revolución verde cuarenta años después: contaminación del suelo y de las aguas, dependencia excesiva de productos químicos, agotamiento de la tierra. Este precio ¿es el adecuado por sacar a la India del hambre o es inasumible? Algunos de los promotores de la nueva revolución verde para África tratan de apoyarse en técnicas tradicionales más saludables, y que, sobre todo, eviten la dependencia de los fertilizantes industriales.
Pero sea de una o de otra forma, es necesaria una revolución en la producción de alimentos. Hasta ahora, el escenario futuro parecía despejado:

Evolución de la población, el precio de los alimentos, la producción per cápita y el número de personas hambrientas
Las mejoras en la agricultura y la puesta en producción de nuevos terrenos dieron lugar a un crecimiento de la cantidad de alimentos per capita –muy desigualmente repartido-, y una continuada reducción de sus precios –con consecuencias como las políticas de subvenciones agrarias en los países que pueden permitírselo. Pero la población sigue creciendo a un ritmo asombroso, y al conjurar el fantasma de Malthus nos encontramos con que el consumo ha superado a la producción como en los tiempos de hambrunas históricas, traduciéndose en alzas de precios, escasez y hambre:

La clave: producción y demanda de cereales en la pasada década
Hay causas inmediatas como la sequía crónica en la región de producción de cereales australiana, el aumento en el consumo de carne (el 35% de los cereales se dedican al ganado) o la política de promoción de biocombustibles que desató una fiebre sobre el maíz (95 litros de etanol requieren el alimento de una persona durante un año). Pero las causas más profundas son otras.
Por un lado el imparable aumento, exponencial, de la población. 9.000 millones. Hay que retener esa cifra, porque parece haber acuerdo en estimarla como la población del planeta hacia mediados de este siglo. Eso supone aumentar en un 50% en menos de 50 años, y supone que una parte considerable del crecimiento económico futuro, sobre todo en los países más desfavorecidos, debe dedicarse a proporcionar alimento, vivienda y trabajo a esos nuevos habitantes, no a despegar desde la pobreza actual.
Crecimiento estimado de la población
El crecimiento de población actual es de unos 80 millones de personas netos cada año. Es como añadir un Egipto o una Alemania nueva al mundo cada año.
En el lado de los alimentos, también asoma Malthus. En su tiempo se produjeron una serie de avances en la agricultura que llevaron al estado actual de mecanización, uso de fertilizantes, pesticidas, y selección de variedades. Además, la expansión colonial puso en producción enormes extensiones de terreno fértil en todo el mundo, y esas cosechas llegaron a todo el mundo gracias al avance de los transportes. Incluso, para hundir más la fama de Malthus, la emigración desde Inglaterra actúo como regulador no traumático de la población.
Hoy, las perspectivas para alimentar una población creciente son mucho más “malthusianas”. La empresa Land Commodities tiene una buena lista con todos los argumentos para invertir en todo lo relacionado con la producción agrícola, y es, al mismo tiempo, un catálogo de problemas para el futuro: escasez de tierra utilizable, sequías, cambio climático, fuerte dependencia de productos químicos, reducción de los incrementos de producción, degradación del suelo, incremento del consumo de carne, incremento de precios agrarios, …

Cambios en el uso de la tierra

Incrementos en la producción agrícola

Variación de los precios agrarios
Habiendo alcanzado los confines de la Tierra, sin posibilidad de exportar población fuera de ella, sin ninguna política global de contención del crecimiento, y sin prever avances radicales en la tecnología agraria, vamos a tener que poner una vela a Malthus (además de a Dios y al Diablo) para que nos saque de esta …

Malthus