Seguimos con la serie de entradas sobre el año 2020 (MMXX en números romanos), ampliando el tema de la tecnología, ya tratado en MMXX – La tecnología (I).
El de la tecnología en 2020 parece un tema inagotable. La continuidad en la aparición y evolución de nuevas tecnologías, y el enorme grado de difusión y penetración en nuestro mundo actual, hace que la tecnología futura sea un campo muy fértil para la predicción y la anticipación.
Hay que tener en cuenta que “tecnología” se refiere preferentemente a todo lo relacionado con las comunicaciones y el procesado de información (TIC o ICT), pero la progresiva digitalización de todos los aspectos de nuestro mundo actual le da una dimensión más global. Ahora afecta al entretenimiento, la salud, el transporte, el gobierno, o la seguridad y promete ampliar su radio de acción a nuestra relación con el mundo físico de la mano de conceptos como IoT (Internet of Things, o el Internet de las cosas).
En la primera entrada referida a la tecnología, se recogía lo que los lectores del The Economist anticipaban para el mundo tecnológico de 2020. Veamos lo que dicen ahora analistas y expertos.
Para empezar hay un consenso generalizado en torno al crecimiento de la difusión de la tecnología: el número de teléfonos móviles ya supera al de habitantes en países como Brasil, la fibra es prácticamente ubicua en Corea, las redes sociales tienen un alcance universal y están detrás de movimientos sociales en países como Irán, Egipto o Túnez, y el número de ordenadores no deja de crecer en países emergentes. Todas estas señales hacen que predecir la continuidad del crecimiento tecnológico no sea aventurado. El cómo se distribuye ese crecimiento sería el lugar para la especulación.
Por ejemplo, el número de personas conectadas a Internet varía según estimaciones entre los 4 y los 6 mil millones, para una población de casi 7.700 millones. A día de hoy, con cerca de 7.000 millones de habitantes, se estima las personas conectadas a Internet en 2.000 millones, y el número de teléfonos móviles en 5.000. Si la tendencia hacia la Internet móvil continua, seguramente los números manejados se queden cortos.
Esa Internet futura tendría mucho de vídeo, hasta el punto que podría ocupar más del 90% del tráfico mundial. La forma en la se transmita ese video (streaming, descarga, IPTV, P2P) es algo aún en el aire, pero la preeminencia del video, incluso móvil, es también algo casi universalmente aceptado.
A las personas y los contenidos se unirá una tercera dimensión, los objetos. Ericsson anticipó un número muy celebrado: 50.000 millones de dispositivos conectados en 2020 (50B, millardos, o billions anglosajones). Ese número, que multiplica por siete al de habitantes de la Tierra incluye:
- Todo tipo de elementos de medida distribuidos por las infraestructuras públicas y privadas
- Vehículos conectados, y los sensores y componentes que, independientemente, tengan su propia conexión
- Todos los dispositivos personales, cuyo número y diversidad seguirá aumentando hasta estimarse en unos 10 por persona

Otras estimaciones, más conservadoras, cifran en 31 mil millones el número de dispositivos conectados (IDC) pero a cambio habría más de un 1 billón de etiquetas electrónicas y sensores marcando todo tipo de objetos en el mundo real.
Además, habrá que considerar otros –quizá- 100.000 millones de procesadores embebidos en todo tipo de objetos que no consideramos habitualmente dentro de la categoría “computador”: electrodomésticos, juguetes, controles automáticos, los ya mencionados sensores, etc.
Las dimensiones de la Internet futura, que sería una parte ya casi imposible de separar y distinguir de resto de elementos de nuestro mundo, serían colosales: los contenidos multiplicarían por 44 los actuales, y los “contenedores digitales” se multiplicarían por 67 (elementos con entidad propia que almacenan información).
Todo este crecimiento supondrá una fuerte presión sobre las infraestructuras. Las líneas de acceso deberán multiplicarse, especialmente en su vertiente móvil que es, a día de hoy, la única forma eficiente de llegar a buena parte de la población de países emergentes donde hay una fuerte carencia de infraestructuras básicas. Se ha identificado la tendencia a primar las necesidades de comunicaciones sobre otras básicas como las sanitarias (el número de móviles supera al de cepillos de dientes, por ejemplo) y el gasto medio por habitante en comunicaciones en muchos países emergentes no deja de crecer.
Claro, ese volumen de personas y dispositivos conectados supondrá una presión enorme sobre las redes. La multiplicación del tráfico, el peso del vídeo, el aumento de los elementos conectados, su dispersión y diversidad, el acceso ubicuo y continuo, … Todos estos factores definen un escenario lleno de desafíos para las redes del futuro.
Otro gran reto lo representa el volumen de contenidos que amenaza con superar la capacidad total de almacenamiento mundial. Ya hay propuestas para buscar la forma mantener una única copia de cada objeto digital y garantizar su acceso desde la red. Aunque seguramente sea algo difícilmente realizable, esa explosión de los contenidos favorecerá la adopción de soluciones de cloud computing en todos ámbitos de la vida digital.
Para finalizar, el conjunto de la infraestructura tecnológica en continuo crecimiento y distribuida entre componentes desplegados (personas y dispositivos) y centralizados (cloud) va suponer un porcentaje considerable del consumo energético mundial. Una de las incertidumbres que tendremos que despejar en el futuro es si la eficiencia energética será capaz de hacer frente al crecimiento de usos y componentes conectados.
En futuras entradas terminaremos de revisar la tecnología futura analizando certidumbres e incertidumbres, y enumerando las principales tendencias tecnológicas a medio plazo.

