Proyecto A1

Futuro, futurismo, futuros y retrofuturismo

MMXX – Tendencias para 2020 (V)

Publicado por Alonso Alvarez en 2011/04/28

Quinta y penúltima entrega de la recopilación de las principales tendencias para el año 2020 recogidas en una serie de entradas del blog. Estos artículos irán intercalados con otros que recogerán aspectos más concretos como la tecnología o la economía, por ejemplo. Al final, estas tendencias se ordenarán y dispondrán en un mapa que sea una vista sintética de todo el proceso.

Están disponibles la primerasegundatercera y cuarta partes, así como el catálogo completo de las publicadas hasta ahora. Las correspondientes a esta entrada son:

TIC: uno de los grandes protagonistas de los grandes cambios son las Tecnologías de Información y Comunicaciones, o TIC, que engloban desde procesadores a Internet, desde sensores a la robótica, los sistemas expertos o los teléfonos móviles. No hay signos de que esa evolución tecnológica acelerada vaya a decaer, aunque su foco ha ido variando en los últimos años pasando del hardware al software, dentro de éste a los servicios de Internet y últimamente hacia la componente social y colaborativa, la movilidad y el cloud como nueva infraestructura. Una amenaza para la continuidad de este desarrollo es el desplazamiento del foco de inversión hacia la energía. En los próximos años comprobaremos si se mantiene vigente la llamada Ley de Moore (que dicta el aumento de capacidad y reducción de precio de los componentes año a año) o si deben surgir nuevas formas de computación alternativas al silicio.

Asia: si hay tendencia que parece haber un amplio consenso es el supuesto movimiento del centro de gravedad mundial hacia Asia. Incluso se presenta a veces como el siguiente paso en un movimiento hacia el Oeste que empezó en el Creciente Fértil, luego saltó a Europa, de ahí a América y ahora estaría cruzando el Pacífico. Es indudable que el fuerte crecimiento de naciones asiáticas –especialmente China e India- llevará aparejado también un mayor protagonismo mundial, pero aún es pronto para dar por finiquitado al mundo occidental. Además, el mundo del futuro no tiene porqué tener necesariamente un único centro, y podría estar menos polarizado que en el pasado.

Salud: y especialmente el coste de la salud, sobre todo en naciones desarrolladas (incluso en Estados Unidos donde la cobertura pública es limitada), es uno de los grandes desafíos del futuro. Al mismo tiempo, una enorme porción de la población mundial no tiene acceso a los servicios más básicos. A pesar del esfuerzo en investigación los sistemas de salud suelen ser bastante conservadores: ni la integración y disponibilidad universal de información de pacientes, ni los tratamientos basados en la genética, entre otras muchas promesas de futuro, están entre nosotros. eHealth, como concepto que implica el uso de tecnologías TIC aplicadas a la salud, tiene aún un largo recorrido por delante para cumplir la promesa de proporcionar mayor autonomía a los pacientes, atención personalizada y remota. En el otro extremo, la innovación barata (desde dispositivos de análisis muy simplificados, al uso de SMS) puede tener un gran impacto en las naciones en desarrollo. La esperanza de vida aumenta (tres meses cada año) perolas personas se sienten menos sanas que en el pasado, quizá por tener más información y expectativas.

Islam: una de las grandes incertidumbres del futuro es la evolución del Islam y las sociedades en las que es mayoritario. El descontento y los movimientos sociales que han cristalizado en 2011 (aunque sus raíces podrían estar en las protestas de hace dos años en Irán) añade aún más incertidumbre, y de la evolución de Túnez, Egipto, Libia, Yemen o Siria se derivará una ampliación de esa ola de cambios a otros países. La duda entre un Islam radical o moderado, la difusión del modelo indonesio, la evolución de las –cuantiosas- minorías musulmanas de China, Rusia e India, de la emigración en Europa, o de las relaciones entre Occidente e Islam seguirán siendo temas centrales del debate futuro.

Dólar: y su papel como unidad de referencia internacional. No es descartable que la presión de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China) acabe modificando el sistema actual de tipos de cambio flotantes y dólar como referencia. Tras una acción así está el propio crecimiento de estas naciones y la abrumadora deuda de Estados Unidos. Una opción es un sistema menos polarizado en torno a una única moneda. También está la propuesta de una nueva unidad de referencia, los SDR o DEG (Derechos Especiales de Giro), o un sistema similar aunque parece menos probable. En cualquier caso, la pérdida de protagonismo del dólar como moneda mundial de referencia, se traducirá en una merma de la capacidad de influencia y poder de los Estados Unidos.

Deuda: la enorme deuda de las naciones desarrolladas es una gran amenaza para el futuro de su prosperidad. Las pasadas crisis de deuda han afectado a países en desarrollo, por lo que éste es un fenómeno relativamente novedoso. La enorme deuda afecta a la inversión pública y al estado del bienestar, y aleja de la inversión de los países amenazados. La deuda amenaza a la propia existencia de la Unión Europea, compromete la recuperación de Japón y es la principal incertidumbre sobre la evolución y el papel futuro de Estados Unidos. Aunque es una gran fuente de incertidumbre, es seguro que no tendremos que esperar al 2020 para empezar a ver las consecuencias del desenlace de esta crisis.

Pandemias: el aumento de población, la facilidad para los desplazamientos humanos (turismo, migraciones) y la globalización ponen los fundamentos para facilitar los movimientos de todo tipo de enfermedades, incluso algunas  consideradas como erradicadas en determinadas zonas. En los últimos años hemos tenido varias amenazas de pandemias biológicas que afortunadamente no han acabado teniendo las –funestas- consecuencias que se anticipaban, sin embargo se han convertido en un componente destacado del catálogo de amenazas que pesan sobre la humanidad. Además, la difusión de Internet, la adopción generalizada de tecnologías de información y comunicaciones, y la progresiva dependencia de su uso que ha desarrollado nuestro mundo, lo hacen muy vulnerable a otro tipo de pandemias, las electrónicas,  que han demostrado su capacidad de destrucción en el pasado –virus por ejemplo- y que pueden hacerse más sofisticadas, inteligentes y dañinas en el futuro (llegando al extremo de una hipotética ciberguerra).

Descontento: las dificultades económicas, las desigualdades, la falta de oportunidades y perspectivas están definiendo un escenario de descontento generalizado. En los países desarrollados se ha abierto paso la idea de que la próxima generación no podrá acceder a las oportunidades y modo de vida de sus padres. Recientemente hemos visto como en naciones sin libertades ni perspectivas de desarrollo económico, el descontento se ha traducido en revueltas contra el poder. “¡Indignaos!” de Hessel es un libro que está teniendo un gran impacto en países como Francia agitando contra la indiferencia y abogando por la insurrección pacífica. Paradójicamente, en España, hay un acusado descenso en la implicación de los jóvenes en causas concretas, ya sea desde el asociacionismo, el voluntariado o la política.

Aislamiento. La crisis, la presión sobre las materias primas o la simple reacción ante la globalización, pueden dar paso a actitudes de aislamiento y proteccionismo.  El nacionalismo de los recursos es una de sus expresiones, y consiste en el control estatal de recursos, generalmente energéticos, y su uso para alcanzar objetivos nacionales. Esta forma de proteccionismo se ha ido extendiendo desde el petróleo (en 30 años ha pasado del 30 al 80% el control estatal) a otros recursos minerales, y recientemente hemos visto prohibiciones de exportación sobre producciones agrarias. Sin llegar en modo alguno a los extremos de la autarquía, el recurso al cierre de fronteras y el aislamiento del exterior puede ser más frecuente que en el pasado, tanto por motivos económicos como ideológicos.

Colaboración: la innovación abierta, la sabiduría de las masa (crowd wisdom), o el crowdsourcing reflejan una tendencia generalizada hacia formas de colaboración intelectual y económica como nunca se había visto. Internet es el motor y nexo de unión para esta nueva forma de hacer las cosas, y los principales ejemplos están muy asociados a la Red: Wikipedia, SETI, el software open source. La colaboración da lugar en la empresa a estructuras menos jerárquicas y más abiertas, incluso a empresas virtuales; los ciudadanos tienen herramientas para participar en la toma de decisiones; la educación y la salud están cambiando su naturaleza; la colaboración alcanza rincones como la energía de la mano del concepto de smart grid.

Personalización: aunque es una promesa con muchos años de historia, lo cierto es que la tecnología está poniendo las bases para que sea posible ofrecer servicios y productos cada vez más personalizados. El salto que podemos vivir en los próximos años es pasar de una abrumadora lista de opciones que debe completar una persona para acceder al producto que busca (piénsese en el catálogo de opciones de un coche o en el formulario de un servicio de noticias personalizado) a un reconocimiento de la persona y su contexto que permita anticipar sus gustos y preferencias. La personalización rompe con la fabricación en masa y la estandarización, y abre las puertas a nuevos modelos empresa, producción y atención al cliente. El “hacking”, entendido como la capacidad de cambiar o mejorar un producto o servicio, es una componente más de esta corriente, y las empresas tendrán que aprender a vivir en un mundo de productos-plataforma, personalizables y modificables.

Nuevas ciudades: los países en desarrollo son el motor de la creciente urbanización de la población. En los próximos 15 años, unas 400 ciudades –en su mayoría desconocidas- generarán el 40% del crecimiento urbano, superando al conjunto de los países desarrollados y las mega-ciudades de más de 10 millones de habitantes. Estas nuevas ciudades, de tamaño mediano, abren la puerta a nuevos mercados, plantean nuevas necesidades de gestión de recursos en sus países, y serán el polo del desarrollo económico de un futuro en el que la mayor parte de la clase media se encontrará en ciudades de naciones emergentes.

Energía nuclear: hasta el tsunami de Japón y su impacto en la central de Fukushima (un claro ejemplo de un cisne negro) se estaba viviendo una relativa recuperación de la energía nuclear en el mundo. Parecían quedar atrás los miedos por la seguridad que se materializaron en Chernóbil, se anticipaban nuevas generaciones más eficientes y seguras, ofrecía una menor dependencia de –inestables- países productores, y se presentaba como una alternativa limpia y sin CO2 a los combustibles fósiles. A día de hoy se están definiendo dos actitudes: prudencia cuando no retirada en países desarrollados, que está llevando a congelar muchos proyectos y al cierre de centrales, especialmente las de las primeras generaciones; y apuesta clara en países emergentes, especialmente China e India. En concreto, esa última actitud está muy influenciada por las tecnologías basadas en el torio, que tendría como principales ventajas una mayor seguridad y disponibilidad, hasta el punto de prometer a sus usuarios la independencia energética para 2020.

Nueva naturaleza: aunque es posible que la mayor parte de la megafauna más representativa de nuestro tiempo permanezca en el futuro, lo hará en áreas protegidas y gestionadas. El concepto de naturaleza salvaje va a cambiar radicalmente a medida que aumente la población y su impacto sobre el paisaje, el llamado “antropoceno”. Al mismo tiempo, estamos viviendo una pérdida de la diversidad en que la que en gran medida se basa nuestra supervivencia pasada y futura. Una asignatura pendiente que posiblemente no se resuelva en el futuro inmediato es la forma de gestionar y proteger adecuadamente el patrimonio de la biodiversidad.

Innovación “barata”: para ser atractivos en sus mercados, los productos tecnológicos desarrollados en Occidente suelen acabar siendo sofisticados y caros, pero esas mismas características los alejan de los países emergentes. Este ha dado lugar a una nueva corriente de innovación en la que se consiguen productos tecnológicos a precios muy ajustados haciendo un ejercicio de simplificación y eliminando funciones innecesarias. Esos productos baratos y simples han resultado ser también muy atractivos en los países desarrollados. De esta forma, se está produciendo una nueva ola de innovación “austera” basada en la simplificación y abaratamiento que resolviendo necesidades propias de mercados emergentes, está alcanzando dimensión global.

Todas las entradas de esta serie dedicada al año 2020 pueden encontrarse en la sección MMXX del blog.

Una respuesta hacia “MMXX – Tendencias para 2020 (V)”

  1. [...] completo de las publicadas hasta ahora, así como la primera, segunda, tercera, cuarta y quinta [...]

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