Viendo el otro día “2010“, una película del año 1984, (menor y entretenida, que quizá merezca la pena revisar aquí) pude ver en acción un ejercicio de futurismo completamente fallido. Según la película, hoy en día:
Continuaría la Guerra Fría, con la Unión Soviética y Estados Unidos enfrentados en algún lugar de Centroamérica. Hay que reconocer que pocas cosas parecían en su momento más llamadas a eternizarse que la vieja URSS.
Seguiría también la carrera espacial y ambos bandos tendrían la capacidad de enviar enormes naves espaciales con un buen número de tripulantes a lugares tan inalcanzables hoy en día como Júpiter.
Habría bases estables en la Luna, que sería un destino alcanzable con facilidad por los seres humanos.
La inteligencia artificial produciría sistemas con capacidad de raciocinio y aprendizaje que hablarían con naturalidad con las personas.
Se descubríría una inteligencia y formas de vida extraterrestres en nuestro propio Sistema Solar.
Eso sí, los trajes no desentonarían de los que podría encontrarse en las calles de la actualidad.
Un virus destruye a la mitad de la población (“Absolon”), o unos aliens nos vuelven estériles (”Stargate SG-1”: “2010″).
En París se aisla un barrio entero por el crimen (“Banlieue 13”), mientras que en Sudáfrica, la nave en la que llegaron los extraterrestres que viven en un suburbio también aislado, deja la Tierra (“Distrito 9”, por cierto, qué gran película).
Ya hemos dejado atrás algunos mundos predichos por películas como “La naranja mecánica”, o “Días extraños”. El siguiente gráfico muestra el momento del estreno de un buen número de películas de ciencia-ficción y la fecha a la que se refiere la acción:
Aunque la cosa se complica cuando entran en juego los viajes en el tiempo. Este diagrama muestra los avances (en azul) y los retrocesos (en rojo) de un buen número de obras de ficción:
Pero no es suficiente, ya que la naturaleza de los viajes en el tiempo implica saltos y líneas que se cruzan. David McCandless, del fantástico blog “Information is Beautiful” ha hecho un trabajo muy detallado (cuyo proceso se puede seguir paso a paso) para mostrar en toda su complejidad la dinámica de los viajes en el tiempo en la ficción:
Y el resultado es esta imagen sinuosa y ondulante con saltos y cruces a lo largo de miles de años, y que hay ver en gran tamaño para poder apreciarla:
¿Cómo no va a ser compleja esa visualización, si una sola línea temporal, la de la serie “Regreso al futuro”, tiene este aspecto?
Afortunadamente, parece que éste va a ser un año tranquilo con pocas visitas de viajeros del futuro: el último Terminator estuvo por aquí en 2004, y hasta 2015 no veremos al De Lorean. Mientras tanto, podemos tratar de asistir a la boda de Lisa Simpson.
No es Bloomsday, la fecha de encendido de HAL 9000, ni ninguna otra efeméride ficticia, pero a mí me gusta recordar el 4 de abril de 1984, el día en el que Winston Smith inicia su diario en la novela “1984” de George Orwell.
“1984″ es el ejemplo de libro de novela distópica, donde se habla de un futuro poco apetecible y esperanzador. Lo opuesto a las utopías felices que iniciaron el género de la ciencia-ficción. Además, es una fantásitica novela, y un texto muy influyente, con ideas que han calado muy hondo, como la del Gran Hermano:
En mi opinión (personal y criticable), es un texto complementario de “Un Mundo Feliz“, de Huxley, y entre los dos se anticipan tendencias que estamos viendo realizarse en este nuevo siglo XXI. Es en cualquier caso una lectura muy recomendable, con independencia del género al que pertenece.
Aunque Orwell pretendía aparentemente hacer una crítica de los totalitarismos del siglo XX, y en particular de la Unión Soviética de Stalin, hay temas que parecen más propios de las sociedades más abiertas en que vivimos. ¿Qué destacaría en ella?
El Gran Hermano: a la cabeza de la sociedad hay una figura omnipresente e idealizada, que quizá ni siquiera se corresponde con una persona real. A este dios se le añade un demonio, Golstein, que encarna al mal y canaliza la rabia y las frustaciones de la población
El partido y los proles: una minoría ilustrada y atenazada por el terror está a cargo del Partido, mientras que la masa de la población vive feliz en su ignorancia. El Partido espía a sus miembros, los somete a espionaje y purgas, mientras entretiene a los proles (de proletarios) con televisión y música generada por máquinas
Telepantallas: emiten una programación ininterrumpida de TV llena de propaganda, y al mismo tiempo son cámaras de vigilancia. Sirven también para el trabajo, como un híbrido entre TV, ordenador y cámara, con el que se habla. La vigilancia es personal, y las telepantallas pueden dirigirse a una persona en concreto. Están por todas partes y sólo algunos privilegiados pueden apagarlas temporalmente. La falta de intimidad es uno de los precios que pagan los miembros del Partido por pertenecer a él
El doblepensar: decir una cosa aunque se quiera decir la contraria. Hablar de abundancia cuando hay escasez o llamar “Ministerio de la Paz” al encargado del estado de guerra permanente en que vive esa sociedad. Cuando una persona alcanza la completa comprensión de los principios de la Sociedad del Gran Hermano es capaz de ver una cosa y decir otra con total naturalidad, sin ningún esfuerzo
La neolengua: el idioma podado y reescrito para usar los términos que el doblepensar exige. Se trata de convertir al lenguaje en una herramienta al servicio de las ideas del Partido
La reescritura de la historia: la memoria de los acontecimientos históricos está al servicio del Partido. Si uno de sus miembros cae en desgracia, su figura desaparece de la Historia oficial; si los datos de producción incumplen las previsiones del año anterior, éstas se cambian. El Ministerio de la Verdad está a cargo de esta manipulación histórica masiva, que hace que todo el pasado no sea más que una extensión del presente, o como dice Smith: “Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado“
“¿Cómo demuestras tu poder sobre otra persona?“, “Haciéndola sufrir“. E “Si quieres una imagen del futuro, imagina una bota que pisa una humana … por siempre“
¿Inquietante? Seguro, pero lo es más que sea fácil encontrar analogías con nuestro mundo de hoy.
Las influencias son incontables, a veces muy sutiles, a veces muy burdas, a pesar de que la novela no ha dado lugar a muchas adaptaciones (excepto una fantástica película que se paseará un día de estos por aquí). Posiblemente nuestro mundo se parezca más al de 1984 de lo que quisiéramos, pero menos de lo que podríamos temer. Mejor estar vigilantes.