Proyecto A1

Futuro, futurismo, futuros y retrofuturismo

Tendencias 2020

Esta es la lista completa de tendencias publicadas hasta ahora dentro de la serie de entradas dedicadas a MMXX, el año 2020:

  • Abaratamiento del genoma: la obtención de un genoma completo a precios cada vez más asequibles abre las puertas a una revolución en el conocimiento y la manipulación de lo que entendemos como vida. La creación de vida relativamente artificial en 2010 supone un salto cualitativo en este sentido. Aún estamos muy lejos tanto en conocimiento como en herramientas de la visión del ADN como una especie de software fácilmente manipulable. Sin embargo, parece inevitable la proliferación de sistemas de análisis, tanto caseros como clínicos, del genoma para identificar la propensión a determinadas enfermedades emulado el escenario descrito en “Gattaca”.
  • Abierto: sobre todo cuando hace referencia al conocimiento y los contenidos. Con independencia de polémicas sobre copia, compartición de contenidos, piratería, y el debate sobre la propiedad intelectual, la creación de contenidos de carácter libre y la apertura de datos públicos (open data) son movimientos que se seguirán consolidando. Aunque en sus inicio ha estado asociado a la tecnología e Internet (software y hardware open source, por ejemplo, licencias CC), el libre acceso y disposición de información se ha ido extendiendo a otros ámbitos y va a tener sin duda un fuerte impacto en educación, especialmente en naciones emergentes (bibliotecas digitalizadas, libros sin derechos de autor). Otro área muy intensa de actividad es la relacionada con open data, es decir, el acceso a datos de propiedad pública (cartográficos, estadísticos) para poder ser agregados y procesados externamente.
  • Agua: la gestión del agua es posiblemente uno de los motivos de que hayamos desarrollado una civilización (la “trampa hidráulica”), y su control sigue siendo uno de sus rasgos principales. El aumento de población, incluso en zonas inhóspitas, la contaminación, cambios en el clima, y un uso abrumador en agricultura e industria hacen que la escasez alcance incluso a regiones húmedas. Hay un consenso generalizado en considerar al agua uno de los factores críticos del siglo XXI, capaz de provocar disputas, guerras y migraciones por motivos medioambientales. Además, las fuentes naturales se están reduciendo y las alternativas son muy caras, lo que agrava la situación en naciones en desarrollo.
  • Aislamiento. La crisis, la presión sobre las materias primas o la simple reacción ante la globalización, pueden dar paso a actitudes de aislamiento y proteccionismo.  El nacionalismo de los recursos es una de sus expresiones, y consiste en el control estatal de recursos, generalmente energéticos, y su uso para alcanzar objetivos nacionales. Esta forma de proteccionismo se ha ido extendiendo desde el petróleo (en 30 años ha pasado del 30 al 80% el control estatal) a otros recursos minerales, y recientemente hemos visto prohibiciones de exportación sobre producciones agrarias. Sin llegar en modo alguno a los extremos de la autarquía, el recurso al cierre de fronteras y el aislamiento del exterior puede ser más frecuente que en el pasado, tanto por motivos económicos como ideológicos.
  • Alimentos: el alza de los precios de los alimentos parece una tendencia que va a continuar con fuerza en el futuro. Hay muchos factores que han contribuido a ello, y no parece que vayan a cambiar en el corto plazo: crecimiento de la población, mayor capacidad de gasto y gustos más refinados en países emergentes (por ejemplo, mayor consumo de carne), migración del campo a la ciudad (menos mano de obra productora y edificación sobre terrenos fértiles), y el impacto de los biocombustibles. El margen entre la capacidad de producción de alimentos y la demanda no es muy amplio, lo que hace los problemas en la producción, sobre todo climáticos, tengan un impacto enorme. El desarrollo económico está haciendo que algunas naciones (como China e India) pasen a ser dependientes de las importaciones. Una de las apuestas de futuro es una revolución “verde” en África, similar la vivida en la India hace 40 años o en Brasil en tiempos más recientes.
  • Análisis visual de datos: el creciente volumen de datos requiere nuevos medios para facilitar su análisis, tanto automatizado como manual. Un recurso muy potente es la visualización y la manipulación interactiva de la información. La presentación y análisis visual de la información tiende a ser cada vez más frecuente y sofisticada.
  • Asia: si hay tendencia que parece haber un amplio consenso es el supuesto movimiento del centro de gravedad mundial hacia Asia. Incluso se presenta a veces como el siguiente paso en un movimiento hacia el Oeste que empezó en el Creciente Fértil, luego saltó a Europa, de ahí a América y ahora estaría cruzando el Pacífico. Es indudable que el fuerte crecimiento de naciones asiáticas –especialmente China e India- llevará aparejado también un mayor protagonismo mundial, pero aún es pronto para dar por finiquitado al mundo occidental. Además, el mundo del futuro no tiene porqué tener necesariamente un único centro, y podría estar menos polarizado que en el pasado.
  • Cambio climático: el debate sobre el cambio, su origen y consecuencias está muy lejos de haberse cerrado. Puede que la crisis económica lo haya sacado de las portadas, pero se trata de un tema que ha calado hondo en la opinión pública, que se ha introducido el discurso político, y que está tras el empuje de una serie de tecnologías “limpias”. También puede acabar siendo usado como un arma económica al dificultar el comercio de productos “sucios” de países en desarrollo, frente a los “limpios” de los desarrollados. Dos grandes incógnitas de este periodo será de qué manera incorporará –si es que lo hace- China el discurso de sostenibilidad en su economía, y si las anunciadas consecuencias serán visibles (por ejemplo, los problemas que podrían derivarse por el deshielo del Himalaya) y por ello tendrán un impacto decisivo en la adopción o no de medidas.
  • China: si el siglo XX se ha llamado el “siglo americano”, hay quien ve el XXI como el “siglo chino”. El espectacular crecimiento económico de China, que se está traduciendo rápidamente en influencia política (dirigida esencialmente al control de materias primas) puede derivar también en poder militar y un desarrollo tecnológico independiente. Considerar qué todo eso configure un mundo bipolar como el vivido en la Guerra Fría es un poco prematuro, no obstante. Aunque es cierto que la política china se volverá más asertiva y creará más puntos de roce, aún debe consolidar unos cimientos estables sorteando las amenazas de la corrupción, el aumento de las diferencias sociales, la ausencia de libertades políticas, la contaminación, la falta de recursos, el crecimiento urbano, o el envejecimiento de la población. Hay que tener en cuenta que durante la mayor parte de la historia de la Humanidad (aproximadamente hasta el siglo XVIII) el papel económico de China –e India- era muy relevante, lo que hace que se interprete el crecimiento actual como corrección de la “anomalía” histórica de los dos últimos siglos (más que países emergentes, podría hablarse de “re-emergentes”).
  • Clase media: y su caída y auge en distintas partes del mundo. Hace años que se anticipa un declive de la clase media en los países desarrollados que se traduce en la impresión de que el nivel de vida y oportunidades de los padres no sería alcanzado por los hijos. En estos países hay amenaza de niveles de paro crónico, se ha vivido una escalada casi universal de los precios de la vivienda, parece haber una cierta “burbuja” educativa y se destaca la sobrecualificación como un mal para muchos jóvenes. Como consecuencia, podemos esperar un descontento cuya traducción final es difícil de anticipar (la falta de oportunidades más la ausencia de libertades parecen ser las principales motivaciones de las revueltas en los países árabes). En cambio, en las economías emergentes en rápido crecimiento se está viviendo un auge de la clase media, que se triplicaría en países como la India, por ejemplo. A pesar de las desigualdades, una potente clase media está naciendo en China, Brasil o India, hasta el punto de que en diez a veinte años superará en número a su equivalente en Occidente.
  • Cloud: infraestructura de computación (cálculo, almacenamiento, comunicaciones, servicios) compartida, accesible universalmente y flexible. Se trata de un paradigma bastante veterano en realidad, pero que se está convirtiendo en la esencia misma de la infraestructura tecnológica actual y futura. La computación lleva camino de convertirse en un elemento de infraestructura más, universalmente accesible y barato. Está muy ligado al concepto de virtualización, o la capacidad de emular un dispositivo o entorno operativo sobre uno distinto, lo que puede acabar con las limitaciones actuales en cuanto a compatibilidad y capacidad entre plataformas y dispositivos.
  • Cogno: las ciencias relacionadas con el modo de funcionamiento de la mente humana están en medio de una revolución, y se ven como uno de los grandes campos de desarrollo humanos. Por un lado se está ahondando en los mecanismos fisiológicos del cerebro, lo que puede desembocar en todo tipo de avances de tipo médico, y herramientas de mejora, y no sólo para reparar disfunciones. Por otro, se ahonda en la comprensión de los mecanismos de la consciencia, la inteligencia, la memoria y el razonamiento. La simulación de los procesos cerebrales es una posible consecuencia de todo este trabajo y, si fuera posible, permitiría crear una nueva generación de software realmente inteligente capaz de superar los principales problemas de la inteligencia artificial (razonamiento, reconocimiento de imágenes y lenguaje) y hacerlo en un entorno escalable.
  • Colaboración: la innovación abierta, la sabiduría de las masa (crowd wisdom), o el crowdsourcing reflejan una tendencia generalizada hacia formas de colaboración intelectual y económica como nunca se había visto. Internet es el motor y nexo de unión para esta nueva forma de hacer las cosas, y los principales ejemplos están muy asociados a la Red: Wikipedia, SETI, el software open source. La colaboración da lugar en la empresa a estructuras menos jerárquicas y más abiertas, incluso a empresas virtuales; los ciudadanos tienen herramientas para participar en la toma de decisiones; la educación y la salud están cambiando su naturaleza; la colaboración alcanza rincones como la energía de la mano del concepto de smart grid.
  • Combustibles fósiles: la fuente energética de referencia de los últimos doscientos años (primero carbón, y luego petróleo) plantea cada vez más dudas. La certeza sobre su agotamiento (o al menos la extracción rentable), su papel en las emisiones contaminantes, o los conflictos por su control hacen que parezca muy mala idea prolongar nuestra dependencia. El problema está en las alternativas (o su ausencia), el crecimiento del consumo en países en crecimiento, las previsiones de un consumo per cápita estable o creciente, y la amenaza de nuevos conflictos. La atención sobre el petróleo –y en menor medida el carbón- será aún más alta que en los últimos años, y la necesidad de identificar nuevas reservas, se une la incertidumbre sobre si se ha alcanzado ya el máximo de producción, el temido “oil peak”.
  • Competitividad: siendo uno de los componentes básicos de nuestro mundo, podríamos verla crecer a una escala inimaginable como consecuencia de la profundización de la globalización. Ya no sólo se trata de competir en precios por productos básicos, el próximo desafío es la competencia en productos de calidad y en innovación. Esta competitividad se traslada también a los mercados laborales: en lo que respecta al talento y el conocimiento experto (y a una gama cada vez más amplia de servicios), competimos con personas que viven a miles de km de distancia y que se basan en medios tecnológicos para acceder a nuestro mercado local.
  • Comunicaciones con la Infraestructura y ciudades inteligentes: una consecuencia del M2M (comunicación entre máquinas) y el I0T (Internet de las cosas) es la posibilidad de crear ciudades inteligentes. En ellas los elementos de infraestructura y mobiliario adquirirían inteligencia en forma de sensores, comunicaciones y cierta capacidad de proceso. La comunicación entre los elementos de infraestructura, y entre éstos y los vehículos y los dispositivos personales, permitirían construir nuevos servicios y formas de gestionar el tráfico, situaciones de emergencia, las infraestructuras y las interacciones de personas y objetos. Aunque el interés es muy grande, y hay ciudades que apuestan por ello, hay una gran incertidumbre sobre los modelos que harían sostenibles este tipo de servicios y su verdadera aceptación por parte del público.
  • Concentración urbana: aunque en algunas regiones (como Latinoamérica) se ha verificado una reducción en la densidad urbana, el modelo de ciudad por el que se apuesta es de una mayor densidad frente al modelo de suburbios, que se ha identificado con Estados Unidos. Aunque una mayor densidad favorece el transporte público y un mejor aprovechamiento de los recursos urbanos, este modelo racional tiene que luchar contra la aspiración generalizada de la población a disponer de más espacio, lo que se traduce un crecimiento del tamaño medio de las viviendas, al menos en las áreas desarrolladas.
  • Cultura global: una de las consecuencias de la globalización y el libre movimiento de capitales, mercancías y, en cierta medida, personas es la difusión de ideas, costumbres y contenidos culturales. Ya no se trata únicamente de la ubicua presencia de iconos, referencias y contenidos occidentales (sobre todo de Estados Unidos) a través de la radio, cine y TV, si no que naciones emergentes, especialmente de Asia, están contribuyendo. Parece que estamos abocados a la aparición de una verdadera cultura transnacional y ubicua, tanto de élite como de masas, con un grado de homogeneidad similar al de la tecnología o las formas arquitectónicas. Las reacciones contrarias ya existían, incluso dentro del mundo occidental, y van desde el proteccionismo al rechazo y persecución, aunque parecemos abocados a un proceso de homogeneización en el largo plazo.
  • Decrecimiento: una cara más del neoludismo, pero al mismo tiempo una idea con una penetración muy amplia dadas sus connotaciones ecologistas, anticonsumistas y anticapitalistas. La idea es invertir el proceso histórico, especialmente acelerado de los últimos siglos de crecimiento económico, demográfico, incluso tecnológico. Desde sus formas más moderadas (reducción del consumo y sostenibilidad) a los más extremos (reducir significativamente e incluso extinguir la Humanidad), el decrecionismo como reacción puede tener un papel muy significativo en función de la evolución futura de población, presión sobre los recursos y medio ambiente.
  • Democracia 2.0, directa o bajo redes sociales: los medios de comunicación directos entre personas han puesto en sus manos herramientas que facilitan la difusión de información y el debate a una escala nunca vista. Las redes sociales son aprovechadas por muchos movimientos políticos fomentando formas de relación distintas de las tradicionales, más jerárquicas y dogmáticas. Sean o no responsables los medios sociales de algunos de los recientes movimientos políticos, su impacto en la forma de entender la relación entre gobernantes, gobernados y sus representantes va a ser decisivo en el futuro.
  • Descontento: las dificultades económicas, las desigualdades, la falta de oportunidades y perspectivas están definiendo un escenario de descontento generalizado. En los países desarrollados se ha abierto paso la idea de que la próxima generación no podrá acceder a las oportunidades y modo de vida de sus padres. Recientemente hemos visto como en naciones sin libertades ni perspectivas de desarrollo económico, el descontento se ha traducido en revueltas contra el poder. “¡Indignaos!” de Hessel es un libro que está teniendo un gran impacto en países como Francia agitando contra la indiferencia y abogando por la insurrección pacífica. Paradójicamente, en España, hay un acusado descenso en la implicación de los jóvenes en causas concretas, ya sea desde el asociacionismo, el voluntariado o la política.
  • Desigualdad: la falta de igualdades económicas, sociales y políticas tanto individuales como entre grupos,  continuará alimentando la percepción de injusticia entre aquellos que no vean cumplidas sus expectativas. Aunque las condiciones materiales podrían seguir mejorando en los próximos años, y parece posible una reducción de la pobreza más extrema, la brecha entre ricos y pobres se seguiría ampliando. Las diferencias más grandes seguirán en los países más pobres, pero se están ensanchando en países como China. Estas diferencias serán cada vez más visibles con el acceso a tecnologías de comunicaciones más baratas. Este escenario puede favorecer el resurgir de movimientos anticapitalistas, populistas y marxistas, y estimular descontento y revueltas en todo el mundo.
  • Desintermediación: las tecnologías asociadas a Internet están acabando con el papel del intermediario. En el comercio es cada vez más fácil adquirir productos en toda clase de modalidades al margen de los canales tradicionales, incluso a través de fronteras. Por otra parte, las personas son capaces de realizar con ayuda de medios tecnológicos un número mayor de tareas especializadas que antes requerían depender de terceros. Este proceso se seguirá ampliando y afectando a un número mayor de funciones y servicios. Una hipotética “fabricación personal” sería una consecuencia de este movimiento.
  • Deuda: la enorme deuda de las naciones desarrolladas es una gran amenaza para el futuro de su prosperidad. Las pasadas crisis de deuda han afectado a países en desarrollo, por lo que éste es un fenómeno relativamente novedoso. La enorme deuda afecta a la inversión pública y al estado del bienestar, y aleja de la inversión de los países amenazados. La deuda amenaza a la propia existencia de la Unión Europea, compromete la recuperación de Japón y es la principal incertidumbre sobre la evolución y el papel futuro de Estados Unidos. Aunque es una gran fuente de incertidumbre, es seguro que no tendremos que esperar al 2020 para empezar a ver las consecuencias del desenlace de esta crisis.
  • Digi-real: la convergencia de la realidad y lo virtual o digital. Está dando lugar a una nueva realidad híbrida en las que los elementos virtuales se mezclan con los físicos y viceversa. Esta hibridación se está generalizando y está dando lugar a formas de interacción entre personas y tecnologías nuevas. Mundos virtuales, espeje e híbridos, realidad aumentada, o redes sociales, son algunas de las múltiples caras de esta tendencia.
  • Digitalización: la migración de contenidos, empresas, gobiernos e individuos hacia formatos, paradigmas y servicios digitales continuará, y estará muy ligada a su presencia en Internet. Los beneficios derivados de la ubicuidad y accesibilidad de todo tipo de entidades crecerán exponencialmente al multiplicarse las interrelaciones y las combinaciones –muchas aún inéditas.
  • Dólar: y su papel como unidad de referencia internacional. No es descartable que la presión de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China) acabe modificando el sistema actual de tipos de cambio flotantes y dólar como referencia. Tras una acción así está el propio crecimiento de estas naciones y la abrumadora deuda de Estados Unidos. Una opción es un sistema menos polarizado en torno a una única moneda. También está la propuesta de una nueva unidad de referencia, los SDR o DEG (Derechos Especiales de Giro), o un sistema similar aunque parece menos probable. En cualquier caso, la pérdida de protagonismo del dólar como moneda mundial de referencia, se traducirá en una merma de la capacidad de influencia y poder de los Estados Unidos.
  • Educación: sin duda uno de los temas centrales de la próxima década, aunque pueda ser en su conjunto un tema de debate intemporal. Aunque los cambios de calado son lentos en este entorno, son muchas las presiones en torno al modelo educativo. Para empezar está el papel de la tecnología y su impacto: la forma en la que el elearning se está introduciendo, o el uso final que tendrán los medios electrónicos en el aula. También la sobreformación (exceso de cualificación para los puestos de trabajo disponibles) y fracaso escolar de algunos países, las diferentes concepciones entre países desarrollados y emergentes (sobre todo China e India), o una supuesta “burbuja educativa” (inversión en educación difícil de recuperar por la falta de oportunidades), y finalmente si habrá un relevo en liderazgo científico y calidad de centros occidentales frente a los de otros países.
  • Empresa como red: es la evolución en la externalización de servicios no prioritarios. Propiciado por la globalización, las comunicaciones y las nuevas tecnologías, el modelo de empresa en red está en un proceso de difusión y consolidación como alternativa a las grandes corporaciones del pasado. En el extremo está la empresa virtual que ni siquiera cuenta con oficinas, y sólo tiene un mínimo personal propio, enfocada en explotar su particular ventaja competitiva, y delegando todo lo demás en terceros, actuando más como uno nodo de coordinación que como un centro de producción.
  • Energía: definitivamente es uno de los temas clave de la próxima década, y abre sus desafíos en varios frentes. En primer lugar está la reducción del consumo, especialmente de los combustibles fósiles (algo que no parece posible), la identificación de nuevas fuentes energéticas capaces de sustituir el catálogo usado actualmente, y la presión hacia el control del suministro y la autosuficiencia energética. Aunque la inversión tecnológica ha crecido enormemente en los últimos años, no parece que estemos cerca de encontrar una solución a los problemas actuales lo que podría llevarnos a una década llena de tensiones y movimientos geoestratégicos para tratar de asegurar el suministro basado en el modelo actual.
  • Energía nuclear: hasta el tsunami de Japón y su impacto en la central de Fukushima (un claro ejemplo de un cisne negro) se estaba viviendo una relativa recuperación de la energía nuclear en el mundo. Parecían quedar atrás los miedos por la seguridad que se materializaron en Chernóbil, se anticipaban nuevas generaciones más eficientes y seguras, ofrecía una menor dependencia de –inestables- países productores, y se presentaba como una alternativa limpia y sin CO2 a los combustibles fósiles. A día de hoy se están definiendo dos actitudes: prudencia cuando no retirada en países desarrollados, que está llevando a congelar muchos proyectos y al cierre de centrales, especialmente las de las primeras generaciones; y apuesta clara en países emergentes, especialmente China e India. En concreto, esa última actitud está muy influenciada por las tecnologías basadas en el torio, que tendría como principales ventajas una mayor seguridad y disponibilidad, hasta el punto de prometer a sus usuarios la independencia energética para 2020.
  • Envejecimiento y rejuvenecimiento: mientras en las sociedades desarrolladas la población continuará envejeciendo (en un proceso que alcanzará a medio plazo a China), en los países en desarrollo será la población joven la que siga creciendo hasta suponer los menores de 18 años más de la mitad de la población de África en 2020. En el primer caso se agravarán las tensiones sobre los sistemas de asistencia y pensiones, suponiendo un esfuerzo económico cada vez mayor. El desarrollo tecnológico encaminado a aliviar estas tensiones (teleasistencia, telemedicina), aunque grande, no acabaría de tener un impacto significativo. En el otro extremo, en muchos países en desarrollo la excesiva población juvenil supondrá tensiones si no es capaz de conseguir trabajo y perspectivas de futuro, incrementando el descontento.
  • Estado y actores no-estatales: el papel del Estado está ahora mismo en debate y discusión, y coexisten varias corrientes contradictorias. Por un lado hay una fuerte corriente hacia la descentralización, dotando a entidades más pequeñas de un papel relevante (regiones, distritos, estados, prefecturas, autonomías) y no sólo como ejecutoras. Al mismo tiempo hay una corriente hacia la centralización, al menos de ciertas funciones delegadas. Mientras el tamaño, alcance e influencia del Estado es enorme, y en muchos lugares históricamente inédito, hay corrientes como la “Big Society” inglesa que impulsan un Estado menor, dejando muchas de sus funciones en la sociedad civil y en entidades no estatales. Lo cierto es que es difícil encontrar un momento de la Historia sin este tipo de entidades, aunque la proliferación, variedad y ubicuidad actuales son inéditas. Desde los entes supranacionales a las ONGs, su influencia no deja de crecer y la próxima década puede confirmar su papel cada día más influyente. Aunque el modelo basado en la ubicuidad y omnipresencia del Estado es el aceptado universalmente, el fracaso de muchos de ellos, y su sustitución por otras formas puede hacer que el debate sobre el Estado, su función y alcance se universalice.
  • Estados Unidos: la idea de su declive posiblemente no sea real, al menos en los próximos diez años, aunque esa idea seguirá calando, sobre todo popularmente. Irreal porque salvo catástrofe (en forma de “cisne negro”) sigue siendo de lejos la economía más grande del planeta, tiene el mayor músculo militar (tecnología, recursos, experiencia), es el centro financiero global, el mayor productor de tecnología y atractor de talento, entre otros muchos indicadores. También posee la mayor deuda conocida y amenazantes desequilibrios. Otro factor de riesgo es ser la única potencial global, lo que la convierte en objetivo preferente de todos los actores con ambiciones. Sí podemos tener la certeza de que los demás países, o al menos los que se consideran sus competidores, irán asumiendo más riesgos frente a Estados Unidos en el futuro. China será progresivamente más asertiva en la expresión de sus intereses, y eso dará lugar a potenciales puntos de fricción, aunque nadie parece apostar por una nueva Guerra Fría.
  • Exaflood: o la inundación de datos representada por el cómputo en exabytes (1 millón de terabytes, o un mil millones de gigabytes) con el que se cuenta la información que circula actualmente en Internet. El volumen de información generado se multiplica año a año: las personas corrientes se han convertido en generadores de contenidos, y a ellos se ha unido una legión de sensores que se contarán por miles de millones en 2020. El registro continuo de la realidad está dando lugar a grandes volúmenes de datos que estamos captando, almacenando y procesando. La tendencias indican que en algún momento del futuro inmediato la cantidad de información superará a la capacidad de los medios de almacenamiento (si nada lo remedia). Una posible solución pasa por el uso de medios masivos de almacenamiento compartidos: el Cloud.
  • Fabricación personal: las impresoras tridimensionales son capaces de producir objetos físicos depositando capas de materiales –generalmente plásticos- de la misma forma que una impresora deposita su tinta. El paradigma de la impresión 3D va más allá de la producción casera de objetos: para empezar favorecerá el desarrollo de una fabricación distribuida y personalizada de todo tipo de productos, que hasta ahora requerían transporte. Además, este concepto puede extenderse a otros ámbitos de forma que ya pueden imprimirse tejidos vivos, o puedan generarse por este medio desde edificios a circuitos electrónicos. Todo ello podría revolucionar la economía futura con la aparición de la llamada “fabricación aditiva”.
  • Gestión de la atención: la ubicuidad en el acceso a medios de información, comunicación y entretenimiento, y la multiplicación de servicios y dispositivos para acceder a ella, va a agudizar el “déficit de atención” actual. Las primeras aproximación para su gestión (lo que incluye filtrado inteligente y automático) están en camino pero es dudoso que sean una solución en 2020.
  • Geoingeniería: este es uno de esos conceptos que tendrá una gran influencia aunque muy posiblemente no lo veremos realizado en los próximos años. La modificación a gran escala de las condiciones climáticas de un planeta entero tiene mucho de ciencia ficción, pero si aceptamos la mano humana en la evolución del clima en la Tierra, el concepto parece perfectamente plausible. Esta idea, la de corregir el clima por medio de acciones a gran escala, se está difundiendo y puede jugar un papel en el futuro.
  • Gratis: lo que hace pocos años era inconcebible, el fremium o los modelos negocio basados en la gratuidad, es hoy una realidad. Se trata de una idea con un largo recorrido e impacto futuro. La cultura de la gratuidad está desbordando sus orígenes en Internet y si bien es dudoso que alcance una posición dominante, sí que su influencia se dejará notar en todos los ámbitos.
  • Hipertransparencia: vivimos en la era de la hipertransparencia. Tenemos un conocimiento instantáneo e inimiginable hace unos de años de la actividad de muchas personas gracias a sus fotos, cambios de estado, preferencia, o check-ins. Además del continuo flujo de información personal canalizado a través de las redes sociales, existen todo tipo de iniciativas que empujan esa transparencia en gobiernos y empresas. Desde Open Data a Wikileaks los espacios para el secreto y la información oculta se reducen. Además, en un movimiento muy interesante, se le atribuye una enorme credibilidad a la información ubicua, anónima y sin contrastar, a veces a costa de los medios tradicionales, en claro declive en los países desarrollados.
  • Identidad: el auge de los servicios de Internet y la progresiva mezcla del mundo real y  los mundos virtuales está dando una gran relevancia a la identidad. Hemos pasado de contar con una única y física a poder disponer de una colección de identidades virtuales, apoyadas en medios electrónicos, fácilmente suplantables (o más que la física). Las personas se describen con múltiples caras en distintos contextos y todo ello plantea numerosos problemas: incertidumbre sobre la identidad real, asociación con la física, gestión de múltiples identidades, su protección, validez y potencial vulneración. La identidad, y su gestión es uno de los grandes desafíos del futuro, y aunque tiene un origen tecnológico su impacto afecta en múltiples facetas de la vida diaria.
  • Innovación abierta: el modelo de innovación clásico, de laboratorio, secreto y exclusividad, está en retroceso. La innovación abierta, que supone la aportación enriquecedora de entidades externas a la que lidera la innovación (incluyendo consumidores de a pie), se está difundiendo y aplicándose en un número creciente de empresas, organizaciones y campos, incluso por administraciones públicas. La integración de los usuarios en la innovación de las empresas, el estímulo a la creatividad individual, el abandono de la fórmula del laboratorio y su mundo cerrado, la transparencia en la difusión de la información y otros muchos aspectos propios de la innovación abierta se están convirtiendo en algo habitual y pueden suponer una nueva era de cambios en empresa y gobierno.
  • Innovación “barata”: para ser atractivos en sus mercados, los productos tecnológicos desarrollados en Occidente suelen acabar siendo sofisticados y caros, pero esas mismas características los alejan de los países emergentes. Este ha dado lugar a una nueva corriente de innovación en la que se consiguen productos tecnológicos a precios muy ajustados haciendo un ejercicio de simplificación y eliminando funciones innecesarias. Esos productos baratos y simples han resultado ser también muy atractivos en los países desarrollados. De esta forma, se está produciendo una nueva ola de innovación “austera” basada en la simplificación y abaratamiento que resolviendo necesidades propias de mercados emergentes, está alcanzando dimensión global.
  • Integración: una de las corrientes contradictorias de nuestro tiempo (frente al aislamiento). La creación y consolidación de estructuras supranacionales parece haberse ralentizado (aunque también lo ha hecho la fiebre de creación de nuevas fronteras), pero podrían recibir un nuevo empuje si la Unión Europea –o parte de ella- adopta una resolución más clara hacia la creación de una entidad macroestatal. Como fórmula para combatir la crisis (frente al tradicional proteccionismo) es inédita, y de cómo resulte dependerá que el mapa del mundo que conocemos cambie decisivamente en el futuro.
  • Interdependencia: como consecuencia de una globalización cada vez más extendida. Alimentos, transporte, productos de todo tipo, o servicios cruzan fronteras ayudando a establecer relaciones de dependencia cada vez más intrincadas y complejas. La autosuficiencia será cada vez más utópica. Eso sí, hay que tener en cuenta que este proceso ya se produjo hace cien años y la Gran Guerra y sus consecuencias hicieron retroceder comercio e intercambios mundiales durante más de 50 años.
  • IoT: Internet de las cosas (o Internet of things), un paradigma que se apoya sobre la identificación de todo tipo de objetos (vehículos, infraestructuras, mobiliario, dispositivos, equipamiento) y la comunicación automatizada con ellos. Supondría un nuevo mundo de entidades interconectadas capaces de proporcionar nuevas fuentes de información del mundo y sus relaciones, y darían lugar a todo tipo de servicios. Es una de las grandes apuestas del futuro.
  • Islam: una de las grandes incertidumbres del futuro es la evolución del Islam y las sociedades en las que es mayoritario. El descontento y los movimientos sociales que han cristalizado en 2011 (aunque sus raíces podrían estar en las protestas de hace dos años en Irán) añade aún más incertidumbre, y de la evolución de Túnez, Egipto, Libia, Yemen o Siria se derivará una ampliación de esa ola de cambios a otros países. La duda entre un Islam radical o moderado, la difusión del modelo indonesio, la evolución de las –cuantiosas- minorías musulmanas de China, Rusia e India, de la emigración en Europa, o de las relaciones entre Occidente e Islam seguirán siendo temas centrales del debate futuro.
  • Jugar: derivado del éxito de la introducción de los videojuegos en la cultura popular desde los años 80, la metáfora del juego aplicada a todo tipo de actividades “serias” es un rasgo distintivo de nuestro tiempo que va a más. No solamente la manera de manejar muchos productos y equipos sigue la metáfora del juego, si no que muchos de sus conceptos se aplican a la filosofía misma de servicios de todo tipo.
  • La Singularidad: aunque ni los más optimistas defensores de la existencia de una Singularidad Tecnológica en el futuro la anticipan para los próximos 10 años, lo cierto es que es una idea que está calando, sobre todo entre quienes están empujando la evolución de la Ciencia y la Tecnología. Como concepto supone aceptar la aceleración del cambio y del crecimiento, el soporte de la vida y la inteligencia por medios artificiales y la posibilidad de una conciencia futura artificial alternativa capaz de escalar y multiplicarse y llevar a la Humanidad hacia una nueva etapa.
  • Libro electrónico: el dispositivo de lectura personal, tanto si crece hacia funcionalidades más amplias, propias de ordenadores (o tabletas), como si se queda en un sistema centrado en emular al libro, tendrá un gran desarrollo futuro. Será uno más de un amplio catálogo de dispositivos móviles con conectividad, pero tendrá un fuerte impacto en la forma de consumir contenidos del futuro.
  • Localización: una cara más de la menguante privacidad de las personas, pero al mismo tiempo una fuente de información y servicios de primer orden, que será un componente cada más importante en el futuro. Aún tiene que demostrar su aplicación comercial en publicidad y juegos, por ejemplo.
  • M2M: las comunicaciones entre máquinas, o sin intervención de personas. Se trata de una visión en la que todo tipo de dispositivos (cámaras, coches, infraestructuras, …) y, sobre todo, sensores, estarían conectados a Internet, lo que permitiría crear una imagen más fiable, rica y actualizada de la realidad. Se trata de uno de los grandes paradigmas tecnológicos emergentes ya en implantación y cuya verdadera dimensión se apreciará en los próximos años cuando el colosal volumen de información generado pueda dar lugar a nuevos servicios y modalidades de relación entre personas y su entorno por medio de la tecnología.
  • “Make”: la máxima expresión de “hágalo usted mismo” y una reacción hacia un mundo de productos baratos y reemplazables, pero no reparables. Aunque tiene tintes neoluditas, ese espíritu de hacer más cosas por uno mismo está detrás del éxito de muchas de las funciones sociales y de comercio proporcionadas por la tecnología: ahora podemos ser nuestro propio banco y agencia de viajes, manipulamos imágenes o componemos textos al margen de profesionales.
  • Materias primas: la presión de las economías emergentes (especialmente China, pero también se deja sentir India o Brasil) sobre las materias primas se consolidaría en la próxima década. Una carrera por asegurar fuentes de suministro, especialmente en África, está teniendo lugar en estos momentos. Al temido “peak oil” se unen otros “peak” de materiales que van desde el platino al carbón –barato. Esta presión se ha trasladado a la chatarra y los materiales recuperados. Todo ello conforma otro frente más (junto a la energía, el agua o los alimentos) de disputa sobre recursos ahora percibidos como escasos.
  • Meta-ciudad: desde la época de las ciudades-estado su papel ha ido quedando relegado frente al de las distintas formas de Estado. Sin embargo, estamos viviendo un momento de auge de la ciudad como centro económico y cultural muy superior a su relevancia política actual. Su influencia se extiende a cientos de kilómetros a la redonda, cruzan fronteras y llegan a superar al del propio estado que los alberga. Podrían ser algunos de los agentes decisivos en la organización del mundo futuro.
  • Migraciones: el siglo XXI podría ser el de los movimientos de población y las migraciones. La globalización y sus consecuencias económicas, motivos climáticos, o políticos pueden poner en movimiento a una masa cada vez mayor de personas entre países y continentes. Al desarraigo, el aislamiento y la precariedad como consecuencias negativas, puede acompañar el nacimiento de una cultura global, y una nueva clase internacional sin las raíces ni referencias a las que estamos acostumbrados.
  • Movilidad: el acceso a comunicaciones, información y servicios en cualquier lugar es una de las grandes revoluciones de nuestro tiempo, y seguirá ampliando su alcance llegando a capas de población cada más vez amplias. Al mismo tiempo, la capacidad de los dispositivos conectados seguirá creciendo, y lo hará en formas y usos cada vez más variados. Ubicuidad en el acceso a redes, reconocimiento del contexto (incluida localización) y la delegación de funciones avanzadas en equipos remotos serán algunas de las capacidades clave en los próximos años.
  • Nano: la nanotecnología es una de las grandes apuestas investigadoras actuales de cara al futuro. Los primeros productos basados en nanotecnología, y centrados en materiales, ya están disponibles. Su impacto es difícil de predecir, pero se anticipa amplio y con un gran alcance. Las formas más extremas –y pintorescas- como las nanomáquinas, están aún muy lejos en el tiempo.
  • Nueva naturaleza: aunque es posible que la mayor parte de la megafauna más representativa de nuestro tiempo permanezca en el futuro, lo hará en áreas protegidas y gestionadas. El concepto de naturaleza salvaje va a cambiar radicalmente a medida que aumente la población y su impacto sobre el paisaje, el llamado “antropoceno”. Al mismo tiempo, estamos viviendo una pérdida de la diversidad en que la que en gran medida se basa nuestra supervivencia pasada y futura. Una asignatura pendiente que posiblemente no se resuelva en el futuro inmediato es la forma de gestionar y proteger adecuadamente el patrimonio de la biodiversidad.
  • Nuevas ciudades: los países en desarrollo son el motor de la creciente urbanización de la población. En los próximos 15 años, unas 400 ciudades –en su mayoría desconocidas- generarán el 40% del crecimiento urbano, superando al conjunto de los países desarrollados y las mega-ciudades de más de 10 millones de habitantes. Estas nuevas ciudades, de tamaño mediano, abren la puerta a nuevos mercados, plantean nuevas necesidades de gestión de recursos en sus países, y serán el polo del desarrollo económico de un futuro en el que la mayor parte de la clase media se encontrará en ciudades de naciones emergentes.
  • Nuevos interfaces: la interacción con la tecnología presenta carencias que están tratando de resolver estas nuevas formas poner en contacto a usuarios y objetos. Los interfaces actuales (desde teclados a ratones, pasando por pantallas o sonidos) cubren de manera parcial y muchas veces insatisfactoria la necesidad de la comunicación entre personas y máquinas. Una nueva generación de interfaces se está apoyando en el uso de modos alternativos de interacción: detección de gestos, BCI (interfaces entre mente y máquina), hápticos o táctiles, o los sensibles al contexto y las emociones. En los próximos años veremos cómo se perfeccionan estos nuevos interfaces y qué grado de utilidad y aceptación pueden obtener del público.
  • Pandemias: el aumento de población, la facilidad para los desplazamientos humanos (turismo, migraciones) y la globalización ponen los fundamentos para facilitar los movimientos de todo tipo de enfermedades, incluso algunas  consideradas como erradicadas en determinadas zonas. En los últimos años hemos tenido varias amenazas de pandemias biológicas que afortunadamente no han acabado teniendo las –funestas- consecuencias que se anticipaban, sin embargo se han convertido en un componente destacado del catálogo de amenazas que pesan sobre la humanidad. Además, la difusión de Internet, la adopción generalizada de tecnologías de información y comunicaciones, y la progresiva dependencia de su uso que ha desarrollado nuestro mundo, lo hacen muy vulnerable a otro tipo de pandemias, las electrónicas,  que han demostrado su capacidad de destrucción en el pasado –virus por ejemplo- y que pueden hacerse más sofisticadas, inteligentes y dañinas en el futuro (llegando al extremo de una hipotética ciberguerra).
  • Paro: ¿Hay un paro crónico, estructural, en la mayoría de las economías del mundo? Muchos países en desarrollo parecen incapaces de dar ocupación a sus generaciones más jóvenes, mientras que al mismo tiempo, en los desarrollados, una capa de parados jóvenes y mayores parecen condenados a quedar fuera del mercado de trabajo. Quizá sea un poco pronto para considerar este paro, consecuencia en muchos casos de la reciente crisis, como crónico. Lo cierto es que el ocio consecuencia de la tecnología que se prometía para el futuro hace cuarenta años, parece haberse convertido en paro, quizá consecuencia en parte de esa misma tecnología.
  • Personalización: aunque es una promesa con muchos años de historia, lo cierto es que la tecnología está poniendo las bases para que sea posible ofrecer servicios y productos cada vez más personalizados. El salto que podemos vivir en los próximos años es pasar de una abrumadora lista de opciones que debe completar una persona para acceder al producto que busca (piénsese en el catálogo de opciones de un coche o en el formulario de un servicio de noticias personalizado) a un reconocimiento de la persona y su contexto que permita anticipar sus gustos y preferencias. La personalización rompe con la fabricación en masa y la estandarización, y abre las puertas a nuevos modelos empresa, producción y atención al cliente. El “hacking”, entendido como la capacidad de cambiar o mejorar un producto o servicio, es una componente más de esta corriente, y las empresas tendrán que aprender a vivir en un mundo de productos-plataforma, personalizables y modificables.
  • Plataformas: una tendencia observada desde hace ya algún tiempo en el mundo tecnológico, pero que se están extiendo a otros es el de convertir un producto en una plataforma y favorecer el crecimiento de un ecosistema de proveedores de nuevos servicios alrededor. No hay start up tecnológica que no tenga a día de hoy la pretensión de hacer que su producto sea una nueva plataforma de referencia, o de trabajar para una de las ya establecidas. Aunque Facebook, y el ecosistema de aplicaciones y servicios nacidos a su alrededor es un ejemplo clásico, de la mano de la innovación abierta están surgiendo otras propuestas, a veces con el apoyo del fabricante, y a veces con su oposición: robots Roomba modificables, diseños de Lego proporcionados por los usuarios, firmware alternativo para cámaras y equipos de comunicaciones, o reglajes de motor proporcionados por usuario. El consumidor del futuro parece esperar productos abiertos, plataformas que se puedan modificar, extender o adaptar a nuevas necesidades.
  • Pobreza y desequilibrio: aunque hay un proceso continuado de reducción de la pobreza absoluta, las desigualdades se mantendrían en el futuro, sobre todo en regiones en desarrollo con alto crecimiento demográfico. En tiempo de crisis y en países emergentes se están ampliando las diferencias entre ricos y pobres. El impacto sobre la clase media, sobre todo en los países desarrollados (deterioro y retroceso) podría empujar esa corriente.
  • Privacidad: el debate sobre la privacidad, sus modalidades, los medios de protección, alcance, cobertura legal, o papel de las instituciones, quedará posiblemente resuelto dentro de 10 años. Eso quiere decir que se convertirá en un tema –aún más- debatido y polémico. Se ha convertido en foco de preocupación creciente y que seguramente siga sin resolver. Internet significa accesibilidad y persistencia de todo tipo de contenidos, opiniones e información. Tendremos tiempo para comprobar si la aparente distinta percepción de la privacidad entre generaciones es realmente así, y si podemos crear los medios para crearla o es inevitable una pérdida apreciable y una explotación de la información más privada de todos nosotros.
  • Realidad aumentada: modificación en tiempo real de la imagen captada por una cámara para añadir información o dar acceso a funciones. Afronta problemas técnicos y fisiológicos para su adopción generalizada, y aún debe encontrar su lugar entre las aplicaciones adoptadas por el público, pero como paradigma su impacto va a ser muy grande en el futuro.
  • Religión: quizá como consecuencia de uno de esos vaivenes de la historia, podría ser que un nuevo auge religioso siga a la ola de laicismo presente, sobre todo, en los países desarrollados. Lo cierto es que se está viviendo un auge religioso en África, América y China, y en gran parte del mundo islámico. Además de las tradicionales, una gran cantidad de nuevas religiones aparecen cada año, desde variantes de las llamadas iglesias pentecostales, a religiones de nuevo cuño, sincréticas o inspiradas en movimientos parareligiosos (como la new age). Más dudoso es afirmar que estamos ante un momento de explosión religiosa como hace 2.500 años, pero de ser así, las consecuencias sólo serían visibles en el muy largo plazo.
  • Retornos: es inevitable que vivamos la recuperación de viejas ideas que puedan haber “expiado sus culpas” y vuelvan con un nuevo prestigio, sobre todo en las nuevas generaciones y ayudadas por algunas condiciones de entorno. Las desigualdades pueden llevar, por ejemplo, a un resurgimiento de ideas anticapitalistas –un sentimiento que la crisis presente parece alimentar-, quizá ligadas a movimientos religiosos, anarquistas o nihilistas. Algo similar puede ocurrir con diversas formas de populismo o marxismo.
  • Robotización: tras años de promesas y concentrarse en campos muy concretos, como la fabricación, la robótica está despegando y entrando en nuevos campos. Dejando a un lado el sueño de máquinas humanoides conscientes que nos acompaña desde hace más cien años, estamos viendo entrar la robótica (o mejor, la autonomía en la operación de sistemas y equipos a partir del reconocimiento e interacción con el entorno) en nuevos campos. Uno de los más desarrollados es el militar, en el que se está viendo una explosión de sistemas, principalmente de observación, en su gran mayoría controlados remotamente, aunque ganando progresivamente capacidades autónomas. Muy cercano es el transporte, al que se están uniendo robots domésticos y hasta juguetes, algunos con capacidad para reaccionar ante emociones de las personas.
  • Salud: y especialmente el coste de la salud, sobre todo en naciones desarrolladas (incluso en Estados Unidos donde la cobertura pública es limitada), es uno de los grandes desafíos del futuro. Al mismo tiempo, una enorme porción de la población mundial no tiene acceso a los servicios más básicos. A pesar del esfuerzo en investigación los sistemas de salud suelen ser bastante conservadores: ni la integración y disponibilidad universal de información de pacientes, ni los tratamientos basados en la genética, entre otras muchas promesas de futuro, están entre nosotros. eHealth, como concepto que implica el uso de tecnologías TIC aplicadas a la salud, tiene aún un largo recorrido por delante para cumplir la promesa de proporcionar mayor autonomía a los pacientes, atención personalizada y remota. En el otro extremo, la innovación barata (desde dispositivos de análisis muy simplificados, al uso de SMS) puede tener un gran impacto en las naciones en desarrollo. La esperanza de vida aumenta (tres meses cada año) perolas personas se sienten menos sanas que en el pasado, quizá por tener más información y expectativas.
  • Social: la componente social de todo tipo de servicios y actividades irá ampliándose y afectando a áreas hasta ahora impermeables, incluyendo los servicios públicos. El papel de las herramientas y medios sociales en la política está aún en sus comienzos y será cada vez más relevante.
  • Talento: muchos análisis y predicciones coinciden en destacarlo como el factor más importante en la empresa del futuro –al menos en los países desarrollados. Parece que viviremos un desprestigio –aún mayor- de la labores manuales. Al mismo tiempo una sobreformación y excesiva especialización parece ir en contra de los trabajadores del futuro. Muchos estudiantes de hoy trabajarán en empleos que aún no existen, y que requerirán una formación continuada que seguramente no puedan dar las instituciones que conocemos. Un último elemento de incertidumbre es la capacidad de la empresa del futuro para sacar partido al talento, atraerlo y desarrollarlo. ¿Se abrirá un abismo entre dos clases de trabajadores?
  • TIC: uno de los grandes protagonistas de los grandes cambios son las Tecnologías de Información y Comunicaciones, o TIC, que engloban desde procesadores a Internet, desde sensores a la robótica, los sistemas expertos o los teléfonos móviles. No hay signos de que esa evolución tecnológica acelerada vaya a decaer, aunque su foco ha ido variando en los últimos años pasando del hardware al software, dentro de éste a los servicios de Internet y últimamente hacia la componente social y colaborativa, la movilidad y el cloud como nueva infraestructura. Una amenaza para la continuidad de este desarrollo es el desplazamiento del foco de inversión hacia la energía. En los próximos años comprobaremos si se mantiene vigente la llamada Ley de Moore (que dicta el aumento de capacidad y reducción de precio de los componentes año a año) o si deben surgir nuevas formas de computación alternativas al silicio.
  • Traducción automática: hace más de 40 años que se anuncia como un esquivo avance inminente (como la videoconferencia o el hogar automatizado), sin embargo es ahora cuando parecen darse las condiciones para que sea una realidad. Se trata de la combinación de mayor potencia en dispositivos portátiles, conectividad ubicua, procesado remoto (en Cloud) y nuevas aproximaciones y algoritmos. Sin estar aún cerca de la traducción de conversaciones en tiempo real, los textos procesados empiezan a ser aceptables, el reconocimiento de voz bastante acertado, y la síntesis realista. De seguir así, podríamos ver en los próximos años los primeros signos de terminar con la maldición de la torre de Babel, con las enormes implicaciones que ese hecho podría tener.
  • Transformación de los medios: vivimos el declive de la prensa escrita (en los países desarrollados) aunque cada día se publican más periódicos (globalmente). Internet está forzando un cambio en formatos, contenidos y medios, y en esa transformación será clave la próxima década.
  • Transhumanismo: la evolución de la medicina ha ido desde reparar a prevenir, y el siguiente paso sería el de mejorar. El transhumanismo, humanidad aumentada o H+ defiende la mejora de las capacidades humanas por medio de la tecnología y la medicina. Ya no se trataría de curar la ceguera, corregir o prevenir la miopía sino de, por ejemplo, añadir la capacidad de unos prismáticos a la visión humana. Estos conceptos se verán implementados progresiva y tímidamente en los próximos años, pero la idea (no conformarse con las capacidades propias, ir más allá de la Naturaleza)  ya se está calando en la cultura e influirá en la evolución tecnológica de los próximos años.
  • Transporte: los próximos años pueden ser decisivos para el futuro de transporte. El elevado precio de los combustibles, la congestión de rutas (por no hablar de las ciudades) y el peso del transporte en la generación de CO2 global hará que se ponga en cuestión. Al mismo tiempo hay una fuerte presión para contener su precio y aumentar su capacidad. La tendencia a primar los productos locales, y la fabricación distribuida (impresión 3D) pueden acabar teniendo efecto en el largo plazo. En paralelo, se está avanzando mucho en el desarrollo de sistemas de ayuda a la conducción y vehículos autónomos, especialmente en el entorno militar: desde aviones a vehículos terrestres, y puede que trenes y barcos en el futuro.
  • Urbanismo: el modo de vida urbano seguirá ampliándose globalmente. Continuará la migración de población rural hacia grandes ciudades, algunas de ellas enteramente nuevas. Si en 2010 hemos alcanzado al 50% de la población, en 2020 la población urbana será en 54%, y ese crecimiento es especialmente acusado en China y el África Subsahariana. El reto es convertir las ciudades, especialmente las de países en desarrollo, en entes controlables, salubres y agradables para sus habitantes. El crecimiento de las ciudades se verificará sobre todo en países emergentes, que será donde se vean las principales áreas urbanas, extendidas a lo largo de kilómetros y por encima de límites políticos tradicionales.

3 comentarios hacia “Tendencias 2020”

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