No hace mucho, en mi trabajo Clark Kent, asistí a una reunión en la que se discutía sobre una orientación futura y disruptiva con la que abordar Internet desde la UE. Aunque es el tipo de temas que prefiero dejar para otro blog en el que escribo -con más frecuencia, hay que reconocerlo- al ser más opinión que información parece este un buen sitio. El caso es que después de la reunión le he estado dando vueltas a las cosas que hablamos y a las que se quedaron fuera, y mal ordenadas estas son las ideas que me quedan:
- “Internet” no será lo que ahora englobamos con ese nombre. Ya ha cambiado mucho si comparamos con la situación de hace 10 ó 20 años (cuando tuve mi primer contacto con Internet sin saberlo), y en el futuro mutará más. Internet no será un medio, si no que será el medio, por su tendencia a englobarlo todo. Telefonía, TV, mensajería, presencia, comunicaciones sociales, mundos, hasta la infraestructura global de las nubes de computación (o “La Máquina”) serán partes indiferenciables de Internet. También es posible que cambie de nombre.
- La identidad, que será algo más rico, complejo y polimórfico que la colección de passwords y perfiles de ahora. La identidad futura tendrá (o debería tener) varias capas y muchas caras, y permitir un control efectivo, y sin esfuerzo de nuestra presencia en cada uno de los mundos en los que nos movemos, incluyendo el real. Además debería ser capaz de controlar el uso que se hace de elementos pasivos -hoy en día- como son nuestra imagen. Todo ello sin olvidar que la sobreexposición de la propia identidad coexistirá con el máximo celo en el control de la privacidad.
- Contexto, fundamental en un medio que ya no reside en los PCs sino que tiende a colarse en todo lo que somos y hacemos, y que nos acompañará en una variedad cada vez mayor de dispositivos. Ese contexto arranca con la localización pero incluye muchas más cosas como la semántica del lugar en el que estemos, quien nos acompaña, qué hacemos, que queremos hacer, nuestros hábitos o la ruptura con nuestras rutinas, incluyendo la predicción de esos casos.
- Interfaces, hasta ahora el principal escollo en la evolución de la tecnología. Seguimos con una metáfora ya establecida en 1968 (ratón y pantalla, terminal con capacidades gráficas y video) en la que lo más original es el uso de interfaces multitáctiles y los primeros sistemas BCI (interfaces mentales). Es un elemento crítico y también seguramente uno de los más inciertos.
- La nube, la infraestructura aparentemente infinita en la red, a la que acabará derivando el procesado de aplicaciones cada vez más sofisticadas, complejas e inteligentes. Puede que todo lo novedoso conceptualmente aquí sea el nombre, pero la implantación de esa infraestructura va a tener consecuencias decisivas.
- Los mundos, la evolución de la comunicación, la relación social, y las realidades virtuales. Si como dicen los creyentes de la Singularidad nuestro futuro está en ellos, ya podemos ponernos a trabajar para mejorarlos. Eso sí, teniendo en cuenta que “mundo” será tanto las realidades alternativas inmersivas, como los espacios de relación virtual (como nuestras redes sociales de hoy en día), como una realidad enriquecida, la “First Life” de Mundie.
Así que pensar en los “nuevos servicios disruptivos de Internet” es un sinsentido. Lo que hay que pensar es nuevo paradigma de comunicación o enriquecer el que se vislumbra hoy en día. De ahí los temas relevantes para el futuro.
Ese contexto será también el que nos permita lidiar con una nube de sensores y dispositivos conectados que rodearán a las personas y su entorno.
Así que más le vale a Europa enfocarse en crear algo distintivo y explotable por su industria que se apoye en la movilidad, en la unificación de medios bajo la metáfora de la web, con una completa distribución de los recursos que dan soporte a aplicaciones fragmentadas y dispersas, con las que nos moveremos en mundos paralelos, espejos, y enriquecidos, asistidos y conectados por sensores y dispositivos satélite.
A mí, francamente, no se me ocurre nada. Y visto el panorama, me sorprendería mucho que se pudiera llegar a replicar el éxito de GSM para Europa.


