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Futuro, futurismo, futuros y retrofuturismo

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MMXX – Tendencias para 2020 (VI)

Publicado por Alonso Alvarez en 2011/05/05

Sexta entrega que cierra la recopilación de las principales tendencias para el año 2020 recogidas en una serie de entradas del blog. Estos artículos se han ido  intercalados con otros recogiendo aspectos más concretos como la tecnología o la economía, por ejemplo. Al final, estas tendencias se ordenarán y dispondrán en un mapa que sea una vista sintética de todo el proceso.

Están disponible el catálogo completo de las publicadas hasta ahora, así como la primerasegundaterceracuarta y quinta partes.

Las correspondientes a esta entrada son:

Jugar: derivado del éxito de la introducción de los videojuegos en la cultura popular desde los años 80, la metáfora del juego aplicada a todo tipo de actividades “serias” es un rasgo distintivo de nuestro tiempo que va a más. No solamente la manera de manejar muchos productos y equipos sigue la metáfora del juego, si no que muchos de sus conceptos se aplican a la filosofía misma de servicios de todo tipo.

Gratis: lo que hace pocos años era inconcebible, el fremium o los modelos negocio basados en la gratuidad, es hoy una realidad. Se trata de una idea con un largo recorrido e impacto futuro. La cultura de la gratuidad está desbordando sus orígenes en Internet y si bien es dudoso que alcance una posición dominante, sí que su influencia se dejará notar en todos los ámbitos.

Religión: quizá como consecuencia de uno de esos vaivenes de la historia, podría ser que un nuevo auge religioso siga a la ola de laicismo presente, sobre todo, en los países desarrollados. Lo cierto es que se está viviendo un auge religioso en África, América y China, y en gran parte del mundo islámico. Además de las tradicionales, una gran cantidad de nuevas religiones aparecen cada año, desde variantes de las llamadas iglesias pentecostales, a religiones de nuevo cuño, sincréticas o inspiradas en movimientos parareligiosos (como la new age). Más dudoso es afirmar que estamos ante un momento de explosión religiosa como hace 2.500 años, pero de ser así, las consecuencias sólo serían visibles en el muy largo plazo.

Transporte: los próximos años pueden ser decisivos para el futuro de transporte. El elevado precio de los combustibles, la congestión de rutas (por no hablar de las ciudades) y el peso del transporte en la generación de CO2 global hará que se ponga en cuestión. Al mismo tiempo hay una fuerte presión para contener su precio y aumentar su capacidad. La tendencia a primar los productos locales, y la fabricación distribuida (impresión 3D) pueden acabar teniendo efecto en el largo plazo. En paralelo, se está avanzando mucho en el desarrollo de sistemas de ayuda a la conducción y vehículos autónomos, especialmente en el entorno militar: desde aviones a vehículos terrestres, y puede que trenes y barcos en el futuro.

Desigualdad: la falta de igualdades económicas, sociales y políticas tanto individuales como entre grupos,  continuará alimentando la percepción de injusticia entre aquellos que no vean cumplidas sus expectativas. Aunque las condiciones materiales podrían seguir mejorando en los próximos años, y parece posible una reducción de la pobreza más extrema, la brecha entre ricos y pobres se seguiría ampliando. Las diferencias más grandes seguirán en los países más pobres, pero se están ensanchando en países como China. Estas diferencias serán cada vez más visibles con el acceso a tecnologías de comunicaciones más baratas. Este escenario puede favorecer el resurgir de movimientos anticapitalistas, populistas y marxistas, y estimular descontento y revueltas en todo el mundo.

Clase media: y su caída y auge en distintas partes del mundo. Hace años que se anticipa un declive de la clase media en los países desarrollados que se traduce en la impresión de que el nivel de vida y oportunidades de los padres no sería alcanzado por los hijos. En estos países hay amenaza de niveles de paro crónico, se ha vivido una escalada casi universal de los precios de la vivienda, parece haber una cierta “burbuja” educativa y se destaca la sobrecualificación como un mal para muchos jóvenes. Como consecuencia, podemos esperar un descontento cuya traducción final es difícil de anticipar (la falta de oportunidades más la ausencia de libertades parecen ser las principales motivaciones de las revueltas en los países árabes). En cambio, en las economías emergentes en rápido crecimiento se está viviendo un auge de la clase media, que se triplicaría en países como la India, por ejemplo. A pesar de las desigualdades, una potente clase media está naciendo en China, Brasil o India, hasta el punto de que en diez a veinte años superará en número a su equivalente en Occidente.

Geoingeniería: este es uno de esos conceptos que tendrá una gran influencia aunque muy posiblemente no lo veremos realizado en los próximos años. La modificación a gran escala de las condiciones climáticas de un planeta entero tiene mucho de ciencia ficción, pero si aceptamos la mano humana en la evolución del clima en la Tierra, el concepto parece perfectamente plausible. Esta idea, la de corregir el clima por medio de acciones a gran escala, se está difundiendo y puede jugar un papel en el futuro.

Cultura global: una de las consecuencias de la globalización y el libre movimiento de capitales, mercancías y, en cierta medida, personas es la difusión de ideas, costumbres y contenidos culturales. Ya no se trata únicamente de la ubicua presencia de iconos, referencias y contenidos occidentales (sobre todo de Estados Unidos) a través de la radio, cine y TV, si no que naciones emergentes, especialmente de Asia, están contribuyendo. Parece que estamos abocados a la aparición de una verdadera cultura transnacional y ubicua, tanto de élite como de masas, con un grado de homogeneidad similar al de la tecnología o las formas arquitectónicas. Las reacciones contrarias ya existían, incluso dentro del mundo occidental, y van desde el proteccionismo al rechazo y persecución, aunque parecemos abocados a un proceso de homogeneización en el largo plazo.

Nuevos interfaces: la interacción con la tecnología presenta carencias que están tratando de resolver estas nuevas formas poner en contacto a usuarios y objetos. Los interfaces actuales (desde teclados a ratones, pasando por pantallas o sonidos) cubren de manera parcial y muchas veces insatisfactoria la necesidad de la comunicación entre personas y máquinas. Una nueva generación de interfaces se está apoyando en el uso de modos alternativos de interacción: detección de gestos, BCI (interfaces entre mente y máquina), hápticos o táctiles, o los sensibles al contexto y las emociones. En los próximos años veremos cómo se perfeccionan estos nuevos interfaces y qué grado de utilidad y aceptación pueden obtener del público.

Educación: sin duda uno de los temas centrales de la próxima década, aunque pueda ser en su conjunto un tema de debate intemporal. Aunque los cambios de calado son lentos en este entorno, son muchas las presiones en torno al modelo educativo. Para empezar está el papel de la tecnología y su impacto: la forma en la que el elearning se está introduciendo, o el uso final que tendrán los medios electrónicos en el aula. También la sobreformación (exceso de cualificación para los puestos de trabajo disponibles) y fracaso escolar de algunos países, las diferentes concepciones entre países desarrollados y emergentes (sobre todo China e India), o una supuesta “burbuja educativa” (inversión en educación difícil de recuperar por la falta de oportunidades), y finalmente si habrá un relevo en liderazgo científico y calidad de centros occidentales frente a los de otros países.

Todas las entradas de esta serie dedicada al año 2020 pueden encontrarse en la sección MMXX del blog.

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MMXX – Tendencias para 2020 (V)

Publicado por Alonso Alvarez en 2011/04/28

Quinta y penúltima entrega de la recopilación de las principales tendencias para el año 2020 recogidas en una serie de entradas del blog. Estos artículos irán intercalados con otros que recogerán aspectos más concretos como la tecnología o la economía, por ejemplo. Al final, estas tendencias se ordenarán y dispondrán en un mapa que sea una vista sintética de todo el proceso.

Están disponibles la primerasegundatercera y cuarta partes, así como el catálogo completo de las publicadas hasta ahora. Las correspondientes a esta entrada son:

TIC: uno de los grandes protagonistas de los grandes cambios son las Tecnologías de Información y Comunicaciones, o TIC, que engloban desde procesadores a Internet, desde sensores a la robótica, los sistemas expertos o los teléfonos móviles. No hay signos de que esa evolución tecnológica acelerada vaya a decaer, aunque su foco ha ido variando en los últimos años pasando del hardware al software, dentro de éste a los servicios de Internet y últimamente hacia la componente social y colaborativa, la movilidad y el cloud como nueva infraestructura. Una amenaza para la continuidad de este desarrollo es el desplazamiento del foco de inversión hacia la energía. En los próximos años comprobaremos si se mantiene vigente la llamada Ley de Moore (que dicta el aumento de capacidad y reducción de precio de los componentes año a año) o si deben surgir nuevas formas de computación alternativas al silicio.

Asia: si hay tendencia que parece haber un amplio consenso es el supuesto movimiento del centro de gravedad mundial hacia Asia. Incluso se presenta a veces como el siguiente paso en un movimiento hacia el Oeste que empezó en el Creciente Fértil, luego saltó a Europa, de ahí a América y ahora estaría cruzando el Pacífico. Es indudable que el fuerte crecimiento de naciones asiáticas –especialmente China e India- llevará aparejado también un mayor protagonismo mundial, pero aún es pronto para dar por finiquitado al mundo occidental. Además, el mundo del futuro no tiene porqué tener necesariamente un único centro, y podría estar menos polarizado que en el pasado.

Salud: y especialmente el coste de la salud, sobre todo en naciones desarrolladas (incluso en Estados Unidos donde la cobertura pública es limitada), es uno de los grandes desafíos del futuro. Al mismo tiempo, una enorme porción de la población mundial no tiene acceso a los servicios más básicos. A pesar del esfuerzo en investigación los sistemas de salud suelen ser bastante conservadores: ni la integración y disponibilidad universal de información de pacientes, ni los tratamientos basados en la genética, entre otras muchas promesas de futuro, están entre nosotros. eHealth, como concepto que implica el uso de tecnologías TIC aplicadas a la salud, tiene aún un largo recorrido por delante para cumplir la promesa de proporcionar mayor autonomía a los pacientes, atención personalizada y remota. En el otro extremo, la innovación barata (desde dispositivos de análisis muy simplificados, al uso de SMS) puede tener un gran impacto en las naciones en desarrollo. La esperanza de vida aumenta (tres meses cada año) perolas personas se sienten menos sanas que en el pasado, quizá por tener más información y expectativas.

Islam: una de las grandes incertidumbres del futuro es la evolución del Islam y las sociedades en las que es mayoritario. El descontento y los movimientos sociales que han cristalizado en 2011 (aunque sus raíces podrían estar en las protestas de hace dos años en Irán) añade aún más incertidumbre, y de la evolución de Túnez, Egipto, Libia, Yemen o Siria se derivará una ampliación de esa ola de cambios a otros países. La duda entre un Islam radical o moderado, la difusión del modelo indonesio, la evolución de las –cuantiosas- minorías musulmanas de China, Rusia e India, de la emigración en Europa, o de las relaciones entre Occidente e Islam seguirán siendo temas centrales del debate futuro.

Dólar: y su papel como unidad de referencia internacional. No es descartable que la presión de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China) acabe modificando el sistema actual de tipos de cambio flotantes y dólar como referencia. Tras una acción así está el propio crecimiento de estas naciones y la abrumadora deuda de Estados Unidos. Una opción es un sistema menos polarizado en torno a una única moneda. También está la propuesta de una nueva unidad de referencia, los SDR o DEG (Derechos Especiales de Giro), o un sistema similar aunque parece menos probable. En cualquier caso, la pérdida de protagonismo del dólar como moneda mundial de referencia, se traducirá en una merma de la capacidad de influencia y poder de los Estados Unidos.

Deuda: la enorme deuda de las naciones desarrolladas es una gran amenaza para el futuro de su prosperidad. Las pasadas crisis de deuda han afectado a países en desarrollo, por lo que éste es un fenómeno relativamente novedoso. La enorme deuda afecta a la inversión pública y al estado del bienestar, y aleja de la inversión de los países amenazados. La deuda amenaza a la propia existencia de la Unión Europea, compromete la recuperación de Japón y es la principal incertidumbre sobre la evolución y el papel futuro de Estados Unidos. Aunque es una gran fuente de incertidumbre, es seguro que no tendremos que esperar al 2020 para empezar a ver las consecuencias del desenlace de esta crisis.

Pandemias: el aumento de población, la facilidad para los desplazamientos humanos (turismo, migraciones) y la globalización ponen los fundamentos para facilitar los movimientos de todo tipo de enfermedades, incluso algunas  consideradas como erradicadas en determinadas zonas. En los últimos años hemos tenido varias amenazas de pandemias biológicas que afortunadamente no han acabado teniendo las –funestas- consecuencias que se anticipaban, sin embargo se han convertido en un componente destacado del catálogo de amenazas que pesan sobre la humanidad. Además, la difusión de Internet, la adopción generalizada de tecnologías de información y comunicaciones, y la progresiva dependencia de su uso que ha desarrollado nuestro mundo, lo hacen muy vulnerable a otro tipo de pandemias, las electrónicas,  que han demostrado su capacidad de destrucción en el pasado –virus por ejemplo- y que pueden hacerse más sofisticadas, inteligentes y dañinas en el futuro (llegando al extremo de una hipotética ciberguerra).

Descontento: las dificultades económicas, las desigualdades, la falta de oportunidades y perspectivas están definiendo un escenario de descontento generalizado. En los países desarrollados se ha abierto paso la idea de que la próxima generación no podrá acceder a las oportunidades y modo de vida de sus padres. Recientemente hemos visto como en naciones sin libertades ni perspectivas de desarrollo económico, el descontento se ha traducido en revueltas contra el poder. “¡Indignaos!” de Hessel es un libro que está teniendo un gran impacto en países como Francia agitando contra la indiferencia y abogando por la insurrección pacífica. Paradójicamente, en España, hay un acusado descenso en la implicación de los jóvenes en causas concretas, ya sea desde el asociacionismo, el voluntariado o la política.

Aislamiento. La crisis, la presión sobre las materias primas o la simple reacción ante la globalización, pueden dar paso a actitudes de aislamiento y proteccionismo.  El nacionalismo de los recursos es una de sus expresiones, y consiste en el control estatal de recursos, generalmente energéticos, y su uso para alcanzar objetivos nacionales. Esta forma de proteccionismo se ha ido extendiendo desde el petróleo (en 30 años ha pasado del 30 al 80% el control estatal) a otros recursos minerales, y recientemente hemos visto prohibiciones de exportación sobre producciones agrarias. Sin llegar en modo alguno a los extremos de la autarquía, el recurso al cierre de fronteras y el aislamiento del exterior puede ser más frecuente que en el pasado, tanto por motivos económicos como ideológicos.

Colaboración: la innovación abierta, la sabiduría de las masa (crowd wisdom), o el crowdsourcing reflejan una tendencia generalizada hacia formas de colaboración intelectual y económica como nunca se había visto. Internet es el motor y nexo de unión para esta nueva forma de hacer las cosas, y los principales ejemplos están muy asociados a la Red: Wikipedia, SETI, el software open source. La colaboración da lugar en la empresa a estructuras menos jerárquicas y más abiertas, incluso a empresas virtuales; los ciudadanos tienen herramientas para participar en la toma de decisiones; la educación y la salud están cambiando su naturaleza; la colaboración alcanza rincones como la energía de la mano del concepto de smart grid.

Personalización: aunque es una promesa con muchos años de historia, lo cierto es que la tecnología está poniendo las bases para que sea posible ofrecer servicios y productos cada vez más personalizados. El salto que podemos vivir en los próximos años es pasar de una abrumadora lista de opciones que debe completar una persona para acceder al producto que busca (piénsese en el catálogo de opciones de un coche o en el formulario de un servicio de noticias personalizado) a un reconocimiento de la persona y su contexto que permita anticipar sus gustos y preferencias. La personalización rompe con la fabricación en masa y la estandarización, y abre las puertas a nuevos modelos empresa, producción y atención al cliente. El “hacking”, entendido como la capacidad de cambiar o mejorar un producto o servicio, es una componente más de esta corriente, y las empresas tendrán que aprender a vivir en un mundo de productos-plataforma, personalizables y modificables.

Nuevas ciudades: los países en desarrollo son el motor de la creciente urbanización de la población. En los próximos 15 años, unas 400 ciudades –en su mayoría desconocidas- generarán el 40% del crecimiento urbano, superando al conjunto de los países desarrollados y las mega-ciudades de más de 10 millones de habitantes. Estas nuevas ciudades, de tamaño mediano, abren la puerta a nuevos mercados, plantean nuevas necesidades de gestión de recursos en sus países, y serán el polo del desarrollo económico de un futuro en el que la mayor parte de la clase media se encontrará en ciudades de naciones emergentes.

Energía nuclear: hasta el tsunami de Japón y su impacto en la central de Fukushima (un claro ejemplo de un cisne negro) se estaba viviendo una relativa recuperación de la energía nuclear en el mundo. Parecían quedar atrás los miedos por la seguridad que se materializaron en Chernóbil, se anticipaban nuevas generaciones más eficientes y seguras, ofrecía una menor dependencia de –inestables- países productores, y se presentaba como una alternativa limpia y sin CO2 a los combustibles fósiles. A día de hoy se están definiendo dos actitudes: prudencia cuando no retirada en países desarrollados, que está llevando a congelar muchos proyectos y al cierre de centrales, especialmente las de las primeras generaciones; y apuesta clara en países emergentes, especialmente China e India. En concreto, esa última actitud está muy influenciada por las tecnologías basadas en el torio, que tendría como principales ventajas una mayor seguridad y disponibilidad, hasta el punto de prometer a sus usuarios la independencia energética para 2020.

Nueva naturaleza: aunque es posible que la mayor parte de la megafauna más representativa de nuestro tiempo permanezca en el futuro, lo hará en áreas protegidas y gestionadas. El concepto de naturaleza salvaje va a cambiar radicalmente a medida que aumente la población y su impacto sobre el paisaje, el llamado “antropoceno”. Al mismo tiempo, estamos viviendo una pérdida de la diversidad en que la que en gran medida se basa nuestra supervivencia pasada y futura. Una asignatura pendiente que posiblemente no se resuelva en el futuro inmediato es la forma de gestionar y proteger adecuadamente el patrimonio de la biodiversidad.

Innovación “barata”: para ser atractivos en sus mercados, los productos tecnológicos desarrollados en Occidente suelen acabar siendo sofisticados y caros, pero esas mismas características los alejan de los países emergentes. Este ha dado lugar a una nueva corriente de innovación en la que se consiguen productos tecnológicos a precios muy ajustados haciendo un ejercicio de simplificación y eliminando funciones innecesarias. Esos productos baratos y simples han resultado ser también muy atractivos en los países desarrollados. De esta forma, se está produciendo una nueva ola de innovación “austera” basada en la simplificación y abaratamiento que resolviendo necesidades propias de mercados emergentes, está alcanzando dimensión global.

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MMXX – Política y sociedad en 2020

Publicado por Alonso Alvarez en 2011/04/25

Aunque sería más conveniente hablar de política-ficción, dado que éste es uno de los campos más susceptibles de verse más afectados por la aparición de los “cisnes negros” de Taleb -esos hecho de alto impacto, baja probabilidad y en absoluto predecibles. El azar, el impacto de hechos y tendencias procedentes de otros campos, o el imprevisible papel de personas concretas son algunos de los factores que influyen en esta área, y que hacen de ella tan impredecible.

Visto desde 1910, el mundo que se anticipaba para 1920 era bien distinto. Podría intuirse una posible guerra entre potencias (en realidad, se llevaba anunciando veinte años) pero la cadena de acontecimientos, los resultados, los enormes cambios en los mapas y la política de las naciones no podían en modo alguno anticiparse. Lo mismo se aplica al mundo que se anticipaba en 1980 0 en 2000. Con posterioridad los libros de historia sobre cualquier periodo contienen capítulos desgranando los antecedentes y las causas, reforzando la ficción de que las señales de los cambios posteriores fueran fáciles de identificar y trazar. Los hechos que desencadenarán los grandes cambios del mañana seguramente ya están en marcha y aunque fuéramos capaces de reconocerlos, poco podríamos hacer para cambiar su curso. Pero de entre esa neblina de confusión hay quien es capaz de aventurar los grandes cambios, las tendencias del futuro. Vamos a repasar unas cuantas.

Hay una opinión generalizada acerca de un desplazamiento del centro de gravedad hacia el este. En el fondo no deja de ser una versión modernizada del determinismo climático: el centro de gravedad de la Civilización salta de Oriente a Grecia, luego a Roma y Europa Occidental, cruza el Atlántico, se desplaza al Oeste y ahora cruzaría el Pacífico.

Lo que es cierto es que estamos viviendo un formidable auge económico en países y ciudades asiáticas que aunque nos suene a novedoso, no es más un retorno a la situación habitual en el mundo hasta aproximadamente 1700: India y China concentrando buena parte de la población y riqueza mundial, y siendo a la vez centros de conocimiento y tecnología. Ese es el motivo de hablar en su caso de naciones “re-emergentes”.

Ese crecimiento, a pesar de ser aún muy limitado en el tiempo, está sembrando la percepción de declive en Estados Unidos y auge en China. Lo cierto es que es muy pronto para asegurar que estemos ante ese proceso pero esa idea está calando, sobre todo en China, a la vista de su creciente asertividad en política exterior, y las opiniones y actitudes que empiezan a adoptar sus altos funcionarios. Lo cierto es que no se puede decir que en los últimos años China no haya expresado con contundencia sus opiniones e intereses (algo más que roces con India, Unión Soviética y Vietnam, además de la permanente tensión con Taiwán) pero la ampliación de su área de interés económico, que ahora se extiende al Pacífico, África y Sudamérica, hace que puedan adoptar actitudes más firmes. Eso supone al final roces, especialmente con Estados Unidos, y riesgos. Es quizá un poco aventurado hablar de una reedición de la Guerra Fría, pero de la experiencia pasada se pueden (y deben) obtener enseñanzas para el futuro.

Además, China tiene que resolver aún grandes problemas internos: contaminación, envejecimiento, crecimiento urbano, demanda de energía, corrupción, minorías, falta de libertades. En el otro extremo, Estados Unidos dista mucho de ser un país en declive, aunque el gasto y la deuda sea una enorme amenaza para su futuro, incluso inmediato. Sigue siendo la mayor economía, el principal atractor de talento, centro financiero, potencia científica y tecnológica, el tercer país más poblado y extenso, y uno de los grandes productores de materias primas. Su ejército no es el más numeroso ni el que recibe un mayor porcentaje del PIB, pero sí es el más costoso en números absolutos, el más tecnificado y con una proyección casi universal.

A la vista de lo anterior, no parece que se justifique esa sensación de auge y declive, sin embargo, la idea está ahí, y se está difundiendo rápidamente, lo que puede contribuir en gran manera a que un día pueda ser una realidad.

Algunas magnitudes comparadas de China y USA

Hay continuidad en las fuentes de conflicto futura. La presión sobre el acceso a recursos tendría un papel protagonista, lo que no es en modo alguno una novedad. Ni siquiera las disputas sobre el agua o una hipotética escasez de alimentos.

Lo que sí parece en principio descartable es una competición ideológica o una reedición de la Guerra Fría. De todas formas, podríamos ver una recuperación de antiguas ideologías, quizá prematuramente dadas por muertas.

Las grandes potencias regionales mantendrían sus esferas de influencia, mientras otros estados menores apostarían por bloques regionales para sacar mayor partido de su influencia colectiva. Estas esferas y bloques estarían basadas, como ha sido siempre, en la proximidad geográfica, intereses de seguridad comunes, idioma, cultura, relaciones económicas, e ideología política y religión.

En cambio, la globalización hace que esas esferas de influencia sean fluidas y dinámicas, aunque factores como la posesión de armas de destrucción masiva hacen dudosa la posibilidad de intervención de unas potencias en el área de interés de otras. Los roces se podrían dar en áreas donde se superpongan esas esferas de interés o donde haya un alto potencial de desarrollo de recursos, como partes de África, el área del índico, los estrechos e islas del sudeste asiático, y el Ártico.

En lo más cercano, la Unión Europea podría seguir ganando poder y expandir su papel económico, de seguridad e influencia exterior, sin que ello dé lugar a una estructura militar alternativa a la OTAN.

El papel del estado parece ser otro de los grandes debates del futuro. Los estados son más ubicuos y complejos, y cuentan con más herramientas que en ningún otro momento de la historia, pero la corriente hacia una mayor descentralización casi universal, el auge de entidades supranacionales, y del papel de las grandes ciudades y la enorme deuda, especialmente en los estados-nación tradicionales –como consecuencia de su tamaño- amenazan su futuro.

Para algunos, la crisis de los grandes estados-nación en real. Debilitados por su déficit y deuda, la separación de intereses entre gobernantes y gobernados, y los errores magnificados por la centralización.

Hay corrientes que defienden un Estado más pequeño, y otras que quieren dar más relevancia a entidades no necesariamente estatales. No es que vayamos a ver grandes cambios en este sentido, pero sí cómo crece y se difunde ese debate y las posibles alternativas al modelo actual, que puede afectar hasta la moneda y su papel futuro.

Otro potencial cambio importante relacionado con el gobierno puede ser el de pérdida de atractivo e influencia del modelo político y económico occidental (el “Consenso de Washington) dominante desde el final de la Guerra. Países que tengan que afrontar serios desafíos de pobreza, impacto ecológico o desigualdades, especialmente en países en desarrollo, podrían decantarse por un “modelo pekinés” con más control, planificación, regulación y un sistema de mercado controlado política y económicamente.

En los países en desarrollo las proyecciones de crecimiento de la clase media son impresionantes, y la pobreza extrema remite, aunque parece que las desigualdades crecen. En el mundo desarrollado la clase media estaría amenazada con menos oportunidades y un deterioro general de sus condiciones económicas y de ascenso social. Eso hace que cunda la percepción de que los hijos no podrán aspirar al nivel de vida y oportunidades de los padres y con ella un descontento que podría manifestarse en movimientos sociales, amparados por nuevas ideologías o reediciones de otras ya conocidas. Podríamos ver el modelo de ese descontento por la falta de oportunidades (y condimentado con falta de libertades) traducido en ira en los recientes movimientos sociales iniciados en Irán y extendidos a Túnez, Egipto, Yemen, Siria  otros. También es posible que el descontento en los países desarrollados tenga otros componentes como un cierto hastío del modelo, o la añoranza de un épica pasada de revoluciones y protestas.

Impacto mediático de las amenazas ficticias o reales

Al aumento de la población, de su densidad y las comunicaciones, de la mano de la globalización, hacen más viable la rápida expansión de pandemias, tanto biológicas como electrónicas. En nuestra experiencia reciente hemos podido comprobar que la amenaza de pandemia es a veces tan destructiva como lo podría ser la propia enfermedad.

Y, por último, ¿qué hay sobre la “política por otros medios”? Un mundo multipolar, como parece el del futuro, aumenta los riesgos y posibilidades de conflicto. Sin embargo, las grandes guerras del pasado parecen muy poco probables y, a pesar de todo, la tendencia histórica en los últimos 100 años es hacia más conflictos internos que externos. El enorme coste de las guerras, aún las más limitadas, las hacen poco viables, especialmente en el modelo de intervención lejana de países desarrollados, aunque este argumento –coste e interdependencia económica- era el invocado para considerar improbable una guerra en 1914. La difícil supervivencia en el campo de batalla –generalizado- actual parece un factor más disuasorio.

Otra tendencia en los conflictos recientes en una –aún más- creciente confusión, sobre todo a la hora de identificar claramente bandos, límites geográficos, y en particular las condiciones de victoria o derrota. Ya no hay declaraciones de guerra y apenas tratados de paz. Los conflictos se abren y cierran sin formalismos y de manera confusa, si es que llegan a hacerlo.

El futuro nos amenaza con una potencial proliferación de armas de destrucción masiva, y de sus contramedidas. Estas armas son muy atractivas para regímenes amenazados que saben que su posesión es un salvaconducto frente a intervenciones exteriores directas o indirectas. Por ello es previsible que se redoblen los esfuerzos de ciertos países por –al menos nominalmente- contar con ellas.

Uno de los nuevos robots de combate aéreo, el "Barracuda" hispano-alemán

En cuanto a los medios y las formas, la inmensa mayoría de los conflictos se basan en formas clásicas con armas –sobre todo ligeras- modernas. Eso no impide que la introducción de la tecnología sea la principal herramienta de los países con mayor desarrollo económico. Conceptos como “Rapid Dominance” o la doctrina “Shock and awe” se basan en el control de la información y una abrumadora superioridad de medios y tecnología.

Claro que hemos visto como sus adversarios se han adaptado rápidamente con usos innovadores del armamento, y estructuras y organizaciones descentralizadas, ágiles y menos vulnerables. Los conflictos asimétricos aparecen en el futuro de las fuerzas armadas de los países desarrollados sin que hayan ideado una forma eficaz de disputarlos y de ganar a la vez sobre el terreno y en la opinión pública.

Por último, aunque la inmensa mayoría de los combatientes seguirá contando con herramientas muy básicas, la introducción de la tecnología será uno de los rasgos dominantes futuros. El uso de tecnologías de la información y las comunicaciones a todos los niveles permitirá un mayor control de las operaciones, aunque el flujo de información es tan grande que acaba produciendo problemas la incapacidad para tratarlo. Las armas tienden a ser más inteligentes, menos letales y mucho más caras. La robotización es un elemento reciente que está teniendo un gran impacto: iniciada para la vigilancia, se está extendiendo al transporte y al combate incluyendo una mayor autonomía de los sistemas. Será un importante factor futuro en la forma de desarrollar el viejo oficio de la guerra.

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MMXX – La economía en 2020

Publicado por Alonso Alvarez en 2011/03/04

Aunque sujeta a importantes cambios por razones políticas, sociales, tecnológicas y medioambientales entre otras, y determinada por ciclos cuya periodicidad no sabemos anticipar, la economía es capaz de ofrecer tendencias, estimaciones y pronósticos con una sorprendente exactitud, dada su pobre fiabilidad.

Vaya por delante que la economía está sujeta a todo tipo de incertidumbres y que la ciencia económica ha demostrado ser muy acertada en el análisis de los acontecimientos pasados pero incapaz de predecir los grandes cambios futuros. Si echamos la vista atrás, la lista de hechos con un gran impacto económico que no han sido predichos es inacabable: la formidable crisis del sistema financiero y deuda pública actual, el acelerado crecimiento de las naciones emergentes, la explosión de los servicios basados en Internet y las comunicaciones móviles, el auge de los biocombustibles y otras energías alternativas, la escalada de los precios de materias primas y alimentos, y un largo etcétera sólo si nos fijamos en los últimos años. No obstante, siempre será posible encontrar autores que en su momento anticiparon y avisaron sobre las consecuencias de esos hechos, sin que fueran tenidos en cuenta por la opinión general (posiblemente porque las tendencias disruptivas anticipadas correctamente dejan de convertirse en algo excepcional y pasan desapercibidas, como una epidemia contenida a tiempo, o un atentado abortado antes de que suceda).

Hechas todas las advertencias anteriores, ¿qué podemos decir de la economía en 2020? Parece que hay la opinión generalizada de que el crecimiento de los países emergentes, personalizados en China, continuará orientada ahora hacia una sociedad de consumo, sin que se aprecie una reducción significativa en sus espectaculares tasas de crecimiento. Al mismo tiempo, los países desarrollados mantendrían unas tasas de crecimiento mucho más modestas. Eso lleva a proyectar cambios en los primeros puestos de los países más desarrollados.

 

Proyectando tendencias de crecimiento, parece que algún momento de los próximos 20 años China superaría a  Estados Unidos, algo que podría ocurrir tan pronto como en 2019. El crecimiento económico de China se espera muy alto, aunque ya resulta un tanto aventurado anticipar que supere a la mayor economía mundial en tan poco tiempo. En cualquier caso vamos a un mundo bipolar en lo económico.

Todo ello no hace sino abundar en la teoría del “desacoplamiento” cuya esencia es invertir la teoría de la “dependencia” de hace 50 años. Hasta ahora se suponía que las economías de países desarrollados (anteriormente conocidos como Primer Mundo) y países emergentes o en desarrollo (el antiguo Tercer Mundo) estaban fuertemente ligadas de forma que los primeros adquirían las materias primas y los productos fabricados por los segundos, siguiendo ambas los mismos ciclos de crecimiento y crisis. Sin embargo puede darse la circunstancia, a raíz de la crisis actual, de que los países emergentes sean capaces de desligarse del destino de los desarrollados, creciendo cuando los segundos caen en una crisis (y también debería verificarse la situación contraria). El hecho es China entre otros ha seguido manteniendo tasas de crecimiento aceleradas, arrastrando con ello a otros muchos países, mientras Occidente sigue sumido en la crisis o despertando lentamente. Si con esto se está definiendo un mundo con dos (o más) grandes zonas económicas, con sus propias reglas y ciclos, es algo que aún está por ver.

Uno de los signos de ese crecimiento desacoplado es el aumento continuado del precio de las materias primas. A las fuentes de energía se han unido metales raros primero, todo tipo de minerales después, alcanzando hasta los precios de los alimentos. Hay varios factores jugando aquí: un aumento del consumo en países emergentes, y un proceso de acaparación de recursos por parte de algunos (China, por ejemplo, cerrando todo tipo de acuerdos para asegurar el suministro de todo tipo de minerales, sobre todo en África): la amenaza de agotamiento de algunos, o al menos de modos baratos de acceder a ellos; la falta de capacidad de producción, que hace que una mala cosecha, o una revuelta en un país pueda suponer escasez; los biocombustibles, que detraen producción de alimentos para otros fines; o el mayor nivel de vida en países emergentes, lo que afecta los hábitos de consumo, moviendo las preferencias hacia alimentos más costosos, como la carne, que requieren de grandes cantidades de cereales para su producción.

La amenaza del “oil peak” –el punto de máxima producción mundial de petróleo a partir del cual empezaría a decrecer- pesa sobre el conjunto de la economía mundial. Tanto si ha ocurrido ya, como si acontece antes de 2020, o si se pospone a un momento más lejano en el futuro, lo que es cierto es que el acceso al petróleo barato se agota. Las explotaciones son cada vez más caras, y se busca en lugares más remotos, a mayores profundidades y en modos que requieren procesos de refino más caros. Posiblemente algo similar esté ocurriendo con el carbón –barato- mientras tanto, las necesidades mundiales siguen creciendo, no hay fuentes alternativas claras –al menos en el volumen de los combustibles convencionales- y el consumo per cápita de energía parece que no va a reducirse en esta década.

Tiempo para el agotamiento de materias primas

 

Todo escenario no sería posible sin la globalización que como tendencia parece que va seguir avanzando y profundizando, aunque hay una seria amenaza de vuelta al proteccionismo y de la creación de barreras comerciales por países que se sientan amenazados por el crecimiento de otros. De hecho, ya estamos viendo ese tipo de barreras en forma de restricciones a la exportación de materias primas, sobre todo alimentos y minerales, tanto por razones de garantizar el abastecimiento interior como ideológicas.

De continuar la tendencia hacia profundizar la globalización, veríamos varias consecuencias: relevos en la lista de países proveedores de mano de obra barata para fabricación de todo tipo de productos (de hecho, en el medio plazo, China podría acabar convirtiéndose en una importadora de mano de obra), que podría alcanzar incluso a África; un aumento de los intercambios comerciales y de la circulación de capitales; una mayor presión hacia conseguir una alternativa al dólar como divisa de referencia; una mayor homogeneidad cultural (aunque posiblemente incorporando elementos propios de Oriente); una mayor migración y circulación de personas; y la expansión de una clase internacional formada por técnicos, profesionales, empresarios, o altos funcionarios que viven y trabajan a través de fronteras.

Esa clase internacional es una de las características definidoras de la empresa del futuro. Aunque seguirán existiendo muchos de los modelo de empresa actual, algunos anclados en tradiciones de siglos (seguirá habiendo con alta probabilidad desde tiendas de barrio y pequeños talleres a grandes empresas de producción masiva), las nuevas empresas estarán determinadas por el talento, su búsqueda y explotación. Ese talento debería circular libremente en un mundo globalizado, en un mercado laboral sin barreras legales –ni de idioma. La innovación como motor del desarrollo se irá decantando cada vez más por formas más abiertas y permeables dejando atrás el viejo concepto de la innovación interna de laboratorio cerrado. Esa apertura, ahora tan característica de empresas tecnológicas, podría extender a otro tipo de industrias. La innovación abierta, la empresa como plataforma, la empresa virtual (sin más activos propios que los realmente diferenciales), la agregación, todos ellos son conceptos que podrían difundirse y popularizarse en el futuro.

Sin embargo ¿redundará la supuestamente economía ascendente futura en beneficios palpables para las personas? Para empezar, se anticipa un fuerte crecimiento de la clase media en todo el mundo, si bien, y como es de esperar, ese incremento se concentraría en naciones emergentes: hasta mil millones de personas repartidas entre China, la India, Brasil y otros países en desarrollo. Eso no garantiza que vaya a haber una distribución más equitativa de la riqueza: la pobreza seguirá presente, aunque parece que un menor porcentaje de población mundial estaría entre los márgenes de la pobreza más extrema.

Evolución del PIB per cápita y la población

Sin embargo, al mismo, tiempo, se anticipa un declive de clase media en los países desarrollados. La idea de que la próxima generación vivirá peor y tendrá menos oportunidades que la anterior ha calado, y el hecho de que haya un paro estable y concentrado además entre los mayores y los más jóvenes es un pésimo signo para el futuro.

En resumen, la principal cuestión que debe resolverse en la próxima década (y que continuará a lo largo del siglo) es el impacto que va a tener sobre los recursos la convergencia entre modos de vida, poder político y militar, desarrollo económico, ciencia y tecnología entre Oriente y Occidente. Si es posible contar con recursos suficiente para alimentar a los 9.000 millones de 2050 y proporcionar energía, materias primas, y agua para el desarrollo de las economías emergentes y desarrolladas, el mundo futuro puede ser una continuación del actual, más abierto, fluido, colaborativo y dominado por la innovación (al menos que en épocas precedentes). Por el contrario, recursos insuficientes podrían llevar a un mundo en competencia, cerrado, proteccionista y en definitiva peligroso.

 

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MMXX – Lo previsible, y las grandes incertidumbres

Publicado por Alonso Alvarez en 2010/12/07

A pesar de reconocer la imposibilidad de la predicción, hay quien trata de acotar los eventos futuros distinguiendo entre lo “previsible”, lo “probable”, y lo únicamente “posible” (equivalente a “foreseeable”, “Probable”, y “Possible” en inglés). A medida que nos alejamos del momento actual, el cono de probabilidad de los sucesos se amplia, y sobre esa base es posible –con una gran dosis de intuición personal- identificar los acontecimientos más probables, y las mayores incertidumbres.

Sin ningún pudor eso es lo que se hace en el informe “Global Trends 2025: A Transformed World” del Consejo Atlántico, un “think-tank” basado en Washington.  Un informe bastante completo que cubre numerosos aspectos, y desarrolla escenarios en un horizonte algo más alejado, el de 2025.

Así, en la sección “The 2025 Global Landscape” habla de las principales “certezas” para el 2020, que serían:

  • La globalización sería irreversible, aunque resultaría menos occidentalizada de lo que lo es hoy
  • Un creciente número de empresas globales facilitaría la difusión de nuevas tecnologías
  • Auge de Asia, y aparición de una posible nueva clase media económica
  • Población envejecida en los países más poderosos
  • La generación de energía “en suelo” suficiente para cubrir la demanda global
  • Creciente poder de los actores no estatales
  • El Islam político permanecería como una fuerza potente
  • Capacidades mejoradas en armas de destrucción masiva en varios estados
  • El “arco de inestabilidad” incluiría Próximo Oriente, Asia y África
  • Poco probable un conflicto entre grandes potencias capaz de convertirse en una guerra global
  • Aún más foco en cuestiones medioambientales y éticas
  • Estados Unidos continuará como la única superpotencia económica, tecnológica y militar

La otra cara son las principales incertidumbre. En este caso una versión ampliada de la lista que se propone en el informe:

  • Por supuesto, y desde nuestra perspectiva, la primera y más importante es el curso que llevará la crisis actual, que algunos llaman “Segunda Gran Depresión”. ¿Continuará o será sólo un recuerdo? ¿La salida será suave o tan traumática como en la anterior?
  • ¿Se producirá el “desacoplamiento”? ¿Funcionarán las economías emergentes con ciclos diferenciados frente a las desarrolladas?
  • Hasta qué punto va a tirar la globalización de las economías atrasadas, y en qué grado establecerán los países asiáticos nuevas “reglas de juego”
  • Extensión de la brecha entre “los que tienen” y los que no; retroceso de las democracias más frágiles
  • ¿Veremos el “peak” del petróleo, carbón y materiales raros en 2020?
  • ¿Afrontaremos escasez alimentaria?
  • ¿De qué forma impactarán las nuevas epidemias en la economía, el transporte o la política?
  • Hasta qué punto la conectividad va a desafiar a los gobiernos
  • Si el ascenso de China e India se va a producir suavemente
  • La capacidad de la Unión Europea y Japón para adaptar sus fuerzas laborales y sistemas de salud, y para integrar emigrantes. ¿Será capaz la UE de convertirse en una potencia?
  • Inestabilidad política en países productores de materias primas; posibles interferencias sobre el suministro
  • Impacto de la religión en la unidad de los estados, y capacidad de generar conflictos
  • ¿Más o menos potencias nucleares? ¿Tendrán los terroristas capacidad de adquirir armas biológicas, radiológicas, químicas o nucleares?
  • Capacidad para gestionar la presión y competencia sobre los recursos
  • Hasta qué punto serán capaces las nuevas tecnologías de crear o resolver dilemas éticos

Sin embargo, verdaderas certezas sólo puede haber con la demografía, y hacia allí habrá que dirigir la mirada en las próximas entradas.

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