Ya se ha mencionado el tema del transhumanismo en alguna ocasion. Creo que merece dedicarle unas líneas, aunque sea para ir completando el catálogo de la prospectiva o futurismo de este inicio de siglo.
Aunque minoritario, el transhumanismo es un movimiento muy bien fundado y estructurado. En el pasado, la medicina se ha visto como un medio para evitar la muerte prematura, primero, y para garantizar una calidad de vida mínima después. Los transhumanistas creen que la ciencia debe dar un paso más y servir para superar las limitaciones del cuerpo y mente humanos, incluida la molesta costumbre de morir.
Existe la idea generalizada que de la cultura ha terminado con la evolución. Los mecanismos de la selección natural parecen haber dejado de tener sentido en nuestros días. Aunque también podría ocurrir que la escala a la que ocurren los cambios no es perceptible por nosotros. Los transhumanistas quieren usar la ciencia para obtener mejoras individuales, controlando una nueva forma de selección natural.
El transhumanismo está muy relacionado con la Singularidad tecnológica. Muchos de los defensores de la Singularidad esperan que traiga también una serie de mejoras sobre nuestras capacidades naturales. Esto incluye la Mejora definitiva: superar la muerte.
Los transhumanistas (estrictamente “humanos transitorios”) tienen como objetivo último la posthumanidad, el momento en el que la especie humana controlará su futuro ampliando sus capacidades por medios tecnológicos. Una visión un poco extrema, que hace que el transhumanismo, a pesar de ser un movimiento muy minoritario, atraiga una atención -crítica- muy superior a su importancia real.
Todas las corrientes de body hacking y brain fitness tienen mucho que ver con el transhumanismo, ya que serían herramientas necesarias para alcanzar ese objetivo último. Además del uso de complementos tecnológicos para superar las barreras de nuestros cuerpos y mentes, hay otros dos objetivos principales en la mira del transhumanismo: por un lado la manipulación genética que supliría la selección natural y “consolidaría” las mejoras alcanzadas; y por otro la migración de la consciencia a entidades artificiales, pasando por seres biomecánicos o cyborgs. Este último objetivo es también bastante popular entre destacados defensores de la Singularidad (Ray Kurzweil por ejemplo, espera alcanzar a conocer el momento en el que la inmortalidad sea viable por estos medios).

Como concepción de la naturaleza humana que es, no debe extrañar que el movimiento transhumanista cuente con varios filósofos en sus filas. Por ello, y por contar con una historia relativamente larga (desde los años 60, aunque sus postulados pueden rastrearse en el pasado), cuenta con unas notables bases teóricas que atañen a aspectos conceptuales, legales (el derecho a la modificación propia y de los descencientes), o tecnológicos. Además hay una organización, la H+ -un nombre insuperable- hasta hace poco conocida como WTA (World Transhumanist Association) que organiza conferencias, difunde documentos e informaciones sobre la temática.

Un elemento central de esta corriente es el informe de 2002 “Converging Technologies for Improving Human Performance“[PDF] resultado de un workshop promovido desde la National Science Foundation y el Departamento de Comercio de los Estados Unidos, organizaciones fuera de toda sospecha de pertenecer al movimiento. En él se analizan las posibilidades de la nanotecnología, la biotecnología, las tecnologías de la información y cognitivas (NBIC) como motores para mejorar las capacidades humanas.

La “flecha” NBIC
El informe es muy extenso (casi 500 páginas) y profundo en ciertas partes, pero merece la pena una lectura atenta de ciertas secciones. Las conclusiones son bastante positivas hacia recomendar una inversión decidida y prioritaria en las tecnologías que ayuden a mejorar nuestras capacidades. Identifica numerosos campos de aplicación y hace una llamamiento a todo tipo de organizaciones para que dirijan sus esfuerzos a estos campos, como motor del desarrollo del siglo XXI.
Las ideas transhumanistas están penetrando rápida e inadvertidamente en la sociedad . Además de en la ciencia-ficción (películas como “Gattaca”, o “Matrix”), también están en la literatura convencional (las obras de Houellebecq por ejemplo), la publicidad, o la propia concepción de nuevas tecnologías como la realidad aumentada, o los productos como plataformas extensibles y hackeables.
Con independencia de que vivamos o no para ver si los transhumanistas alcanzan sus últimos objetivos, estas ideas van a estar circulando durante todo el siglo cimentando una nueva concepción de la persona.




