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Futuro, futurismo, futuros y retrofuturismo

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H+: transhumanismo

Publicado por Alonso Alvarez en 2009/07/29

Ya se ha mencionado el tema del transhumanismo en alguna ocasion. Creo que merece dedicarle unas líneas, aunque sea para ir completando el catálogo de la prospectiva o futurismo de este inicio de siglo.

Aunque minoritario, el transhumanismo es un movimiento muy bien fundado y estructurado. En el pasado, la medicina se ha visto como un medio para evitar la muerte prematura, primero, y para garantizar una calidad de vida mínima después. Los transhumanistas creen que la ciencia debe dar un paso más y servir para superar las limitaciones del cuerpo y mente humanos, incluida la molesta costumbre de morir.

Existe la idea generalizada que de la cultura ha terminado con la evolución. Los mecanismos de la selección natural parecen haber dejado de tener sentido en nuestros días. Aunque también podría ocurrir que la escala a la que ocurren los cambios no es perceptible por nosotros. Los transhumanistas quieren usar la ciencia para obtener mejoras individuales, controlando una nueva forma de selección natural.

El transhumanismo está muy relacionado con la Singularidad tecnológica. Muchos de los defensores de la Singularidad esperan que traiga también una serie de mejoras sobre nuestras capacidades naturales. Esto incluye la Mejora definitiva: superar la muerte.

Los transhumanistas (estrictamente “humanos transitorios”) tienen como objetivo último la posthumanidad, el momento en el que la especie humana controlará su futuro ampliando sus capacidades por medios tecnológicos. Una visión un poco extrema, que hace que el transhumanismo, a pesar de ser un movimiento muy minoritario, atraiga una atención -crítica- muy superior a su importancia real.

Todas las corrientes de body hacking y brain fitness tienen mucho que ver con el transhumanismo, ya que serían herramientas necesarias para alcanzar ese objetivo último. Además del uso de complementos tecnológicos para superar las barreras de nuestros cuerpos y mentes, hay otros dos objetivos principales en la mira del transhumanismo: por un lado la manipulación genética que supliría la selección natural y “consolidaría” las mejoras alcanzadas; y por otro la migración de la consciencia a entidades artificiales, pasando por seres biomecánicos o cyborgs. Este último objetivo es también bastante popular entre destacados defensores de la Singularidad (Ray Kurzweil por ejemplo, espera alcanzar a conocer el momento en el que la inmortalidad sea viable por estos medios).

Como concepción de la naturaleza humana que es, no debe extrañar que el movimiento transhumanista cuente con varios filósofos en sus filas. Por ello, y por contar con una historia relativamente larga (desde los años 60, aunque sus postulados pueden rastrearse en el pasado), cuenta con unas notables bases teóricas que atañen a aspectos conceptuales, legales (el derecho a la modificación propia y de los descencientes), o tecnológicos. Además hay una organización, la H+ -un nombre insuperable- hasta hace poco conocida como WTA (World Transhumanist Association) que organiza conferencias, difunde documentos e informaciones sobre la temática.

Un elemento central de esta corriente es el informe de 2002 “Converging Technologies for Improving Human Performance“[PDF] resultado de un workshop promovido desde la National Science Foundation y el Departamento de Comercio de los Estados Unidos, organizaciones fuera de toda sospecha de pertenecer al movimiento. En él se analizan las posibilidades de la nanotecnología, la biotecnología, las tecnologías de la información y cognitivas (NBIC) como motores para mejorar las capacidades humanas.

La “flecha” NBIC

El informe es muy extenso (casi 500 páginas) y profundo en ciertas partes, pero merece la pena una lectura atenta de ciertas secciones. Las conclusiones son bastante positivas hacia recomendar una inversión decidida y prioritaria en las tecnologías que ayuden a mejorar nuestras capacidades. Identifica numerosos campos de aplicación y hace una llamamiento a todo tipo de organizaciones para que dirijan sus esfuerzos a estos campos, como motor del desarrollo del siglo XXI.

Las ideas transhumanistas están penetrando rápida e inadvertidamente en la sociedad . Además de en la ciencia-ficción (películas como “Gattaca”, o “Matrix”), también están en la literatura convencional (las obras de Houellebecq por ejemplo), la publicidad, o la propia concepción de nuevas tecnologías como la realidad aumentada, o los productos como plataformas extensibles y hackeables.

Con independencia de que vivamos o no para ver si los transhumanistas alcanzan sus últimos objetivos, estas ideas van a estar circulando durante todo el siglo cimentando una nueva concepción de la persona.

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La singularidad: una visión excéptica

Publicado por Alonso Alvarez en 2009/07/06

La Singularidad puede ser un concepto atractivo, capaz de atraer el entusiasmo de muchos, pero esta moneda tiene otra cara, la del excepticimismo hacia esa visión. Hace un año, en junio de2008, la revista Spectrum de la IEEE, publicó un número especial muy recomendable sobre La Singularidad, que está disponible en su web. En él, además de hacer una buena introducción a los conceptos implicados, contrastar la opinión de personas muy conocidas en el mundo de laciencia y la tecnología, o revisar el quién es quién en ese mundillo, se hace eco una visión crítica y excéptica sobre el fenómeno de la Singularidad.

Las críticas se concentran en algunos puntos básicos:

  • Las bases del concepto. No basta la proyección de unas gráficas y la confianza ciega de personajes de renombre para considerar a la Singularidad una certeza. Si no fuera por la relevancia de sus defensores, podría tomarse como un subgénero de la ciencia-ficción o parte de esas creencias -a falta de mejor definición- en OVNIs y otros fenómenos. La Ley de Moore, como base de la creencia en una inevitable progresión de la tecnología es muy débil. Además el carácter puntual de esa singularidad contrasta con la experiencia previa de otros fenómenos históricos. Incluso la pretendida aceleración del cambio es discutible, ya que la percepción han cambiado mucho con el tiempo, de forma que ha habido periodos (como la primera mitad del siglo XX) en los que los avances han sido radicales y evidentes para todos.

  • La mente humana, y con ella la consciencia están lejos de ser explicadas, y puede que ni siquiera seamos capaces de hacerlo en este siglo, así que migrarlas a máquinas parece fuera del alcance de la tecnología futura, al menos en los plazos que fijan los defensores de la Singularidad. El cerebro es mucho más complejo que la analogía con un ordenador sugiere, y se encuentra bajo un proceso de continuos cambios, y presenta marcadas diferencias entre personas. Replicarlo en una máquina parece propio del dominio de la ciencia-ficción según los expertos en neurología.
  • La robótica, y la inteligencia artificial, están aún muy lejos de los avances en las bases para llegar a las AGI (Inteligencias Artificiales Generales) que están en la base de la Singularidad. Esas AGI podrían aparecer espontaneamente en máquinas con la potencia esperada en los diagramas que manejan los creyentes en la Singularidad, pero la realidad puede ser muy distinta. Para empezar la Singularidad no sería un momento, si no un periodo más o menos largo de tiempo, esas inteligencias tendrían que ser creadas y activadas, y tendríamos que llegar a un paradigma nuevo para que aparezcan, no sólo a una potencia de cálculo extraordinaria.
  • La nanotecnolgía, que tiene un papel central como medio para superar las limitaciones de nuestros cuerpos, está dando sus primeros pasos, y muy lejos en el tiempo de tener aplicaciones cercanas a lo que predicen los creyentes en La Singularidad, que no es el foco del trabajo actual. Todos los conceptos referidos a la nanotecnología (nanomáquinas, control, integración en el cuerpo y el ambiente, fabricación exponencial) no han mostrado aún su viabilidad ni en sus formas más simples.
  • Desde un punto de vista económico (La Singularidad también habla de un crecimiento económico exponencial) podemos contar con la perspectiva histórica de varias revoluciones pasadas que han acelerado enormemente el crecimiento y el bienestar. En ningún caso esas transiciones han sido puntuales, si no que se han prolongado a lo largo de muchos años. Además, la inteligencia y su difusión como elixir mágico no ha jugado un papel en esas revoluciones. Además, la mecanización e informatización han supuesto un mayor valor para el trabajo humano más que su sustitución.

Para no mostrar sólo una de las caras de la moneda, se incluyen también un artículo y un vídeo de Vinge, o las opiniones de Kurzweil y Gershenfled.

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La singularidad: una visión entusiasta

Publicado por Alonso Alvarez en 2009/06/25

Tenemos en La Singularidad, una vez más, una idea sugestiva con un nombre atractivo, una combinación imbatible.

El punto de partida de La Singularidad (así, con mayúsculas) son gráficos como éste, y el conocimiento previo de la Ley de Moore y otras reglas similares aplicadas a la tecnología:

Ley de Moore

Es decir, que la progresión en el desarrollo tecnológico que vivimos cada día (más Megabits, más Megahercios, más Gigabytes, más Megapixels) es continua y además se acelera por ser una progresión geométrica. Si echamos la vista atrás así ha sido, y parece que las condiciones para continuar esta progresión se mantienen.

Así que si la capacidad física de las máquinas se duplica aproximadamente cada 18 meses (que es lo que dice ahora la Ley de Moore), y aunque periódicamente parece que se llega a puntos insalvables en esta progresión, finalmente son superados con limpieza con nuevas mejoras tecnológicas. Si eso ocurre con la capacidad física, también se puede aplicar a la capacidad de cálculo, y por extensión a otras capacidades como la presumible inteligencia de las máquinas. De esta forma podemos pensar que un día se alcanzará una capacidad equivalente a la de un ser humano, e incluso más allá, aunque eso no suponga necesariamente inteligencia, consciencia o creatividad. Si podemos contar con máquinas con la capacidad de razonamiento o reconocimiento de imágenes de una persona, seremos capaces de replicar esa potencia en múltiples máquinas tal y como ocurre ahora con servidores y supercomputadores, y puesta toda esa capacidad al servicio de la resolución de problemas de ingeniería, por ejemplo, debería dar lugar a un salto enorme en el conocimiento y la tecnología.

Ese momento, y sus consecuencias es –será- La Singularidad tecnológica, un tiempo de avances técnicos y científicos sin equivalente en la historia que cambiará por completo las vidas de quienes lo experimenten, y el mundo conocido. La Singularidad cuenta con una visión de un mundo futuro mejor (y hasta trascendente) propio de creencias religiosas, y tiene una corte de fervorosos creyentes, pero es que también tiene un profeta: Ray Kurzweil.

Aunque la idea de la Singularidad (y el propio término) tienen casi 50 años, y se atribuye, entre otros, a Von Neuman, hay dos personajes muy destacados cuando hablamos de este concepto. Por un lado tenemos a Vernor Vinge, matemático, escritor de ciencia ficción, y autor de un manifiesto sobre la Singularidad en 1993 (“The Coming Technological Singularity: How to Survive in the Post-Human Era”).

El otro personaje, seguramente más conocido es Kurzweil, que como su más entusiasta defensor es quien ha asociado su nombre al de este concepto. Ray ha tocado muchos campos, pero es en la Inteligencia Artificial donde más ha destacado. Es quien defiende que esa singularidad dará lugar a una nueva inteligencia tecnológica que superará a la inteligencia humana individual, y con el tiempo al conjunto de la inteligencia colectiva humana.

Kurzweil ha escrito un libro, “The Singularity is near”, mantiene una web y blog dedicados a rastrear las pistas del inminente advenimiento de la Singularidad, y recientemente ha entrado a dirigir la Universidad de la Singularidad, bajo el amparo de la NASA y financiación de Google entre otros. Esto puede dar una idea de la influencia del concepto de Singularidad en la comunidad científica y técnica.

Una vez aceptada la llegada futura del momento de la Singularidad, hay que empezar a reflexionar sobre sus consecuencias. Aunque no pasa de ser una conjetura –por muy atractiva que pueda parecer- sorprende la cantidad de estudios, predicciones, artículos y hasta libros dedicados a estudiar y prever su impacto.

Según sus –entusiastas- defensores, la Singularidad afectará a muchos campos, no sólo a la tecnología de computación o la Inteligencia Artificial: neurología, la nanotecnología, biología o economía, y por encima de todas ellas, la vida humana en su forma y su esencia. La Singularidad tiene una fuerte relación con el transhumanismo y habla de un mundo tras la humanidad. El transhumanismo, por sí solo, merece un extenso artículo.

También se puede ver a la Singularidad es una fuente de estímulo y un freno para la innovación: adelantarse en alcanzarla supone adquirir el dominio sobre sus potenciales beneficios; también se ve como una forma de paliar sus riesgos, por ejemplo potenciando la Inteligencia Artificial para que ayude a contrarrestar los hipotéticos riesgos de la nanotecnología; o por último, pidiendo que se detenga la investigación en determinados campos, como en el influyente texto “Why the future doesn’t need us”.

Al final, la Singularidad relegaría a la humanidad a un segundo plano. Puede que las nuevas inteligencias artificiales adopten el control y se dediquen al cuidado de las personas, como se cuidan mascotas o niños pequeños en un escenario cercano al de la saga Matrix. Puede que nuestra propia inteligencia se enriquezca y podamos abandonar nuestros cuerpos para pasar a una existencia soportada por máquinas, pero con nuestra consciencia intacta en ellas. Puede que pasemos a llevar nuestra vida real a mundos virtuales (otra idea de Kurzweil, “The Human Machine Merger: Why We Will Spend Most of Our Time in Virtual Reality in the Twenty-first Century”). O puede, y esa es la esperanza de muchos entusiastas creyentes, que la Singularidad nos permita vivir eternamente -o casi- sobre cuerpos biológicos o biomecánicos. Kurzweil tiene como meta personal vivir lo suficiente como para llegar a la Singularidad y entonces poder beneficiarse de esa posible prolongación indefinida de la vida.

¿Y cuánto tiempo es eso? Los plazos en realidad son relativamente cortos, y se mueven entre el 2035 y el 2050. Dado que el proceso hacia la Singularidad se acelera año a año (“Accelerating-Intelligence News” se llama un blog muy representativo) es posible, siempre según sus defensores, que llegue antes de lo que pensamos.

Pronto, veremos la otra cara, la visión escéptica sobre la Singularidad.

Más información:

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