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Nuestro cuerpo no está hecho para durar: una lección de las tasas de mortalidad humanas

Posted by Alonso Alvarez en 2009/08/13

La mayor parte del contenido de esta entrada procede del excelente artículo “Your body wasn’t built to last: a lesson from human mortality rates” (en inglés), en el blog “Gravity and Levity“, que recomiendo para una lectura detallada incluyendo los comentarios y respuestas del autor.

Habiendo hablado recientmente de los transhumanistas y de las aspiraciones a prolongar la vida de los defensores de la Singularidad, las reflexiones que se hacen en Gravity and Levity acerca de la Ley de Gompertz merecen un comentario.

Benjamin Gompertz es un matemático autodidacta (no pudo acceder a la Universidad por ser judio) que en 1825 enunció una ley sobre la mortandad a la vista de los datos que recogían en censo inglés de la época. Esta ley se deriva de los trabajos de Malthus. Lo más sorprendente es que esa ley sigue funcionando tras casi doscientos años de medicina, y que es aplicable a todas las especies animales (o a otro tipo de “poblaciones” como los tumores) usando los parámetros apropiados.

Donde N(t) es el número de individuos en un tiempo t. N’(t) es la derivada con respecto al tiempo, r la tasa de crecimiento, y K el número de individuos en equilibrio. Hay más información sobre la curva de Gompertz en la Wikipedia y en Wolfram Mathematica.

No hay una explicación satisfactoria al porqué, pero lo cierto es que, aplicada a nuestra especie: la Ley de Gompertz dice que probabilidad de morir se duplica cada 8 años. Así, una persona de 25 años en un país desarrollado tiene una probabilidad de morir de 0,03% o de 1 en 3.000, mientras que con 33 años esta probabilidad será de 1 en 1.500. De acuerdo con esta proporción, la probabilidad de llegar a su próximo cumpleaños para una persona con 100 es sólo del 50%. Esta proporción se muestra gráficamente con estas curvas obtenidas en Wolfram Alpha:

Estas curvas, tomadas del censo real de 2005 en Estados Unidos, se ajustan casi perfectamente a lo predicho por Gompertz (exceptuando una pequeña desviación conocida en los extremos que se corresponden con los casos de personas que superan los 100 años).

El hecho de que podamos usar la misma fórmula (y obtener la misma curva) en 2005 y en 1825 nos dice que las mejoras en la medicina, la higiene, la alimentación y la tecnología en general no la afectan. Son malas noticias para transhumanistas y defensores de la Singularidad que hablan de vivir 130, 150, 200 y más años de manera habitual. Desde luego eso no podrá ocurrir con nuestros cuerpos.

Para hacerse una idea de lo que significa la aplicación de la curva de Gomperts, en Gravity and Levity” recurren a dos concepciones populares de los mecanismos que rigen la mortandad.

En primer lugar se parte de la idea de que si la esperanza de vida de un persona se puede cifrar en, por ejemplo, 81 años, la probabilidad de morir cada viene a ser de 1 en 81. La bautiza como la “teoría del rayo” ya que nuestra experiencia de la muerte es como algo tan repentino y arbitrario como la caida de un rayo.

Esta idea, tan razonable intuitivamente, nos deja una curva irreal y opuesta a lo que conocemos:

Es decir, que habría una probabilidad cierta de superar ampliamente los 100 (y los 200) años. Algo que es evidente que no se cumple.

Como parece una aproximación muy simplista, propone una revisión de esta “teoría del rayo” en la que se añade el daño acumulado en nuestro cuerpo por la edad y las enfermedades, lo que haría más vulnerable a las personas de mayor edad. En este caso, la curva se corrige, pero sigue teniendo un perfil irreal:

Es decir, una vez más no podemos reproducir el comportamiento real con suposiciones y aproximaciones más o menos racionales. La curva de Gompert representa obstinadamente el comportamiento observado de la población, y lo que es más llamativo, con independencia de época o factores como el desarrollo de la sanidad y la alimentación (salvo, claro está, elementos disruptores como pandemias o hambrunas).

Recomiendo la lectura del artículo y sus comentarios. Para quien quiera ver el lado lúdico del tema, hay una calculadora web de probabilidad de morir según edad que no puede dejar de usar:

DPC

http://en.wikipedia.org/wiki/Gompertz_law

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H+: transhumanismo

Posted by Alonso Alvarez en 2009/07/29

Ya se ha mencionado el tema del transhumanismo en alguna ocasion. Creo que merece dedicarle unas líneas, aunque sea para ir completando el catálogo de la prospectiva o futurismo de este inicio de siglo.

Aunque minoritario, el transhumanismo es un movimiento muy bien fundado y estructurado. En el pasado, la medicina se ha visto como un medio para evitar la muerte prematura, primero, y para garantizar una calidad de vida mínima después. Los transhumanistas creen que la ciencia debe dar un paso más y servir para superar las limitaciones del cuerpo y mente humanos, incluida la molesta costumbre de morir.

Existe la idea generalizada que de la cultura ha terminado con la evolución. Los mecanismos de la selección natural parecen haber dejado de tener sentido en nuestros días. Aunque también podría ocurrir que la escala a la que ocurren los cambios no es perceptible por nosotros. Los transhumanistas quieren usar la ciencia para obtener mejoras individuales, controlando una nueva forma de selección natural.

El transhumanismo está muy relacionado con la Singularidad tecnológica. Muchos de los defensores de la Singularidad esperan que traiga también una serie de mejoras sobre nuestras capacidades naturales. Esto incluye la Mejora definitiva: superar la muerte.

Los transhumanistas (estrictamente “humanos transitorios”) tienen como objetivo último la posthumanidad, el momento en el que la especie humana controlará su futuro ampliando sus capacidades por medios tecnológicos. Una visión un poco extrema, que hace que el transhumanismo, a pesar de ser un movimiento muy minoritario, atraiga una atención -crítica- muy superior a su importancia real.

Todas las corrientes de body hacking y brain fitness tienen mucho que ver con el transhumanismo, ya que serían herramientas necesarias para alcanzar ese objetivo último. Además del uso de complementos tecnológicos para superar las barreras de nuestros cuerpos y mentes, hay otros dos objetivos principales en la mira del transhumanismo: por un lado la manipulación genética que supliría la selección natural y “consolidaría” las mejoras alcanzadas; y por otro la migración de la consciencia a entidades artificiales, pasando por seres biomecánicos o cyborgs. Este último objetivo es también bastante popular entre destacados defensores de la Singularidad (Ray Kurzweil por ejemplo, espera alcanzar a conocer el momento en el que la inmortalidad sea viable por estos medios).

Como concepción de la naturaleza humana que es, no debe extrañar que el movimiento transhumanista cuente con varios filósofos en sus filas. Por ello, y por contar con una historia relativamente larga (desde los años 60, aunque sus postulados pueden rastrearse en el pasado), cuenta con unas notables bases teóricas que atañen a aspectos conceptuales, legales (el derecho a la modificación propia y de los descencientes), o tecnológicos. Además hay una organización, la H+ -un nombre insuperable- hasta hace poco conocida como WTA (World Transhumanist Association) que organiza conferencias, difunde documentos e informaciones sobre la temática.

Un elemento central de esta corriente es el informe de 2002 “Converging Technologies for Improving Human Performance“[PDF] resultado de un workshop promovido desde la National Science Foundation y el Departamento de Comercio de los Estados Unidos, organizaciones fuera de toda sospecha de pertenecer al movimiento. En él se analizan las posibilidades de la nanotecnología, la biotecnología, las tecnologías de la información y cognitivas (NBIC) como motores para mejorar las capacidades humanas.

La “flecha” NBIC

El informe es muy extenso (casi 500 páginas) y profundo en ciertas partes, pero merece la pena una lectura atenta de ciertas secciones. Las conclusiones son bastante positivas hacia recomendar una inversión decidida y prioritaria en las tecnologías que ayuden a mejorar nuestras capacidades. Identifica numerosos campos de aplicación y hace una llamamiento a todo tipo de organizaciones para que dirijan sus esfuerzos a estos campos, como motor del desarrollo del siglo XXI.

Las ideas transhumanistas están penetrando rápida e inadvertidamente en la sociedad . Además de en la ciencia-ficción (películas como “Gattaca”, o “Matrix”), también están en la literatura convencional (las obras de Houellebecq por ejemplo), la publicidad, o la propia concepción de nuevas tecnologías como la realidad aumentada, o los productos como plataformas extensibles y hackeables.

Con independencia de que vivamos o no para ver si los transhumanistas alcanzan sus últimos objetivos, estas ideas van a estar circulando durante todo el siglo cimentando una nueva concepción de la persona.

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La singularidad: una visión entusiasta

Posted by Alonso Alvarez en 2009/06/25

Tenemos en La Singularidad, una vez más, una idea sugestiva con un nombre atractivo, una combinación imbatible.

El punto de partida de La Singularidad (así, con mayúsculas) son gráficos como éste, y el conocimiento previo de la Ley de Moore y otras reglas similares aplicadas a la tecnología:

Ley de Moore

Es decir, que la progresión en el desarrollo tecnológico que vivimos cada día (más Megabits, más Megahercios, más Gigabytes, más Megapixels) es continua y además se acelera por ser una progresión geométrica. Si echamos la vista atrás así ha sido, y parece que las condiciones para continuar esta progresión se mantienen.

Así que si la capacidad física de las máquinas se duplica aproximadamente cada 18 meses (que es lo que dice ahora la Ley de Moore), y aunque periódicamente parece que se llega a puntos insalvables en esta progresión, finalmente son superados con limpieza con nuevas mejoras tecnológicas. Si eso ocurre con la capacidad física, también se puede aplicar a la capacidad de cálculo, y por extensión a otras capacidades como la presumible inteligencia de las máquinas. De esta forma podemos pensar que un día se alcanzará una capacidad equivalente a la de un ser humano, e incluso más allá, aunque eso no suponga necesariamente inteligencia, consciencia o creatividad. Si podemos contar con máquinas con la capacidad de razonamiento o reconocimiento de imágenes de una persona, seremos capaces de replicar esa potencia en múltiples máquinas tal y como ocurre ahora con servidores y supercomputadores, y puesta toda esa capacidad al servicio de la resolución de problemas de ingeniería, por ejemplo, debería dar lugar a un salto enorme en el conocimiento y la tecnología.

Ese momento, y sus consecuencias es –será- La Singularidad tecnológica, un tiempo de avances técnicos y científicos sin equivalente en la historia que cambiará por completo las vidas de quienes lo experimenten, y el mundo conocido. La Singularidad cuenta con una visión de un mundo futuro mejor (y hasta trascendente) propio de creencias religiosas, y tiene una corte de fervorosos creyentes, pero es que también tiene un profeta: Ray Kurzweil.

Aunque la idea de la Singularidad (y el propio término) tienen casi 50 años, y se atribuye, entre otros, a Von Neuman, hay dos personajes muy destacados cuando hablamos de este concepto. Por un lado tenemos a Vernor Vinge, matemático, escritor de ciencia ficción, y autor de un manifiesto sobre la Singularidad en 1993 (“The Coming Technological Singularity: How to Survive in the Post-Human Era”).

El otro personaje, seguramente más conocido es Kurzweil, que como su más entusiasta defensor es quien ha asociado su nombre al de este concepto. Ray ha tocado muchos campos, pero es en la Inteligencia Artificial donde más ha destacado. Es quien defiende que esa singularidad dará lugar a una nueva inteligencia tecnológica que superará a la inteligencia humana individual, y con el tiempo al conjunto de la inteligencia colectiva humana.

Kurzweil ha escrito un libro, “The Singularity is near”, mantiene una web y blog dedicados a rastrear las pistas del inminente advenimiento de la Singularidad, y recientemente ha entrado a dirigir la Universidad de la Singularidad, bajo el amparo de la NASA y financiación de Google entre otros. Esto puede dar una idea de la influencia del concepto de Singularidad en la comunidad científica y técnica.

Una vez aceptada la llegada futura del momento de la Singularidad, hay que empezar a reflexionar sobre sus consecuencias. Aunque no pasa de ser una conjetura –por muy atractiva que pueda parecer- sorprende la cantidad de estudios, predicciones, artículos y hasta libros dedicados a estudiar y prever su impacto.

Según sus –entusiastas- defensores, la Singularidad afectará a muchos campos, no sólo a la tecnología de computación o la Inteligencia Artificial: neurología, la nanotecnología, biología o economía, y por encima de todas ellas, la vida humana en su forma y su esencia. La Singularidad tiene una fuerte relación con el transhumanismo y habla de un mundo tras la humanidad. El transhumanismo, por sí solo, merece un extenso artículo.

También se puede ver a la Singularidad es una fuente de estímulo y un freno para la innovación: adelantarse en alcanzarla supone adquirir el dominio sobre sus potenciales beneficios; también se ve como una forma de paliar sus riesgos, por ejemplo potenciando la Inteligencia Artificial para que ayude a contrarrestar los hipotéticos riesgos de la nanotecnología; o por último, pidiendo que se detenga la investigación en determinados campos, como en el influyente texto “Why the future doesn’t need us”.

Al final, la Singularidad relegaría a la humanidad a un segundo plano. Puede que las nuevas inteligencias artificiales adopten el control y se dediquen al cuidado de las personas, como se cuidan mascotas o niños pequeños en un escenario cercano al de la saga Matrix. Puede que nuestra propia inteligencia se enriquezca y podamos abandonar nuestros cuerpos para pasar a una existencia soportada por máquinas, pero con nuestra consciencia intacta en ellas. Puede que pasemos a llevar nuestra vida real a mundos virtuales (otra idea de Kurzweil, “The Human Machine Merger: Why We Will Spend Most of Our Time in Virtual Reality in the Twenty-first Century”). O puede, y esa es la esperanza de muchos entusiastas creyentes, que la Singularidad nos permita vivir eternamente -o casi- sobre cuerpos biológicos o biomecánicos. Kurzweil tiene como meta personal vivir lo suficiente como para llegar a la Singularidad y entonces poder beneficiarse de esa posible prolongación indefinida de la vida.

¿Y cuánto tiempo es eso? Los plazos en realidad son relativamente cortos, y se mueven entre el 2035 y el 2050. Dado que el proceso hacia la Singularidad se acelera año a año (“Accelerating-Intelligence News” se llama un blog muy representativo) es posible, siempre según sus defensores, que llegue antes de lo que pensamos.

Pronto, veremos la otra cara, la visión escéptica sobre la Singularidad.

Más información:

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