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Futuro, futurismo, futuros y retrofuturismo

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MMXX – 80 tendencias para 2020

Publicado por Alonso Alvarez en 2011/05/12

Esta es la lista completa de tendencias que he identificado para el año 2020 (o MMXX en números romanos). Vista ahora, está claro que hay un claro sesgo hacia la tecnología, pero hubiera sido sorprendente que no fuera así. A fin de cuentas, es a lo que me dedico.

La lista completa, tras algunos cambios y colecciones, está en la página Tendencias 2020 de este blog. En esta tabla se muestran todas de un vistazo:

Abaratamiento del genoma Concentración urbana Estado y actores no-estatales La Singularidad Plataformas
Abierto Cultura global Estados Unidos Libro electrónico Pobreza y desequilibrio
Agua Decrecimiento Exaflood Localización Privacidad
Aislamiento Democracia 2.0 Fabricación personal M2M Realidad aumentada
Alimentos Descontento Geoingeniería “Make” Religión
Análisis visual de datos Desigualdad Gestión de la atención Materias primas Retornos
Asia Desintermediación Gratis, freemium Meta-ciudad Robotización
Cambio climático Deuda Hipertransparencia Migraciones Salud
China Digi-real Identidad Movilidad Social
Clase media Digitalización Innovación “barata” Nano Talento
Cloud Dólar Innovación abierta Nueva naturaleza TIC
Cogno Educación Integración Nuevas ciudades Traducción automática
Colaboración Empresa como red Interdependencia Nuevos interfaces Transformación de los medios
Combustibles fósiles Energía IoT Pandemias Transhumanismo
Competitividad Energía nuclear Islam Paro Transporte
Comunicaciones con la Infraestructura y ciudades inteligentes Envejecimiento y rejuvenecimiento Jugar Personalización Urbanismo

Pero claro, al menos en mi caso, no basta con las tendencias, hay que obtener un mapa con ellas.

Ese mapa está ya como un borrador, que he presentado esta tarde en una conferencia para ATI, sin embargo, aún necesita un poco de trabajo para refinar contenido y formato. Pero eso no quiere decir que no pueda hacerse un primer trabajo de mapeo trabajando sobre las relaciones entre tendencias.

El punto de partida es la lista desordenada de tendencias. Sin embargo, cuando se conectan las que tienen algún tipo de relación entre sí, va surgiendo una compleja trama:

Eso sí, hay una clara limitación y es que no hay líneas cruzadas lo que limita el número de relaciones entre tendencias que podría ser mayor. Es una limitación del medio y la disposición del gráfico, y el experimento de marcar las líneas cruzadas de otra forma no acaba de funcionar. No es preocupante porque se pierden pocas y no son las más relevantes.

Para ganar en legibilidad he podido destacar un subconjunto de tendencias marcando aquellas que tienen un mayor número de enlaces:

Relaciones -principales- entre las 80 tendencias

La lista resultante es bastante razonable, y muchas de ellas están en mi particular selección. En la próxima entrada dejaré el resultado final de este ejercicio: un mapa global de tendencias para 2020, más unas cuantas gráficas intermedias del proceso.

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MMXX – La tecnología (y IV), las tendencias

Publicado por Alonso Alvarez en 2011/03/23

Cuarta y última de las entradas dedicadas a la tecnología dentro la serie sobre el año 2020(MMXX en números romanos). En la primera parte se mostró la visión de una serie de expertos, en la segunda parte se habló de las principales magnitudes que definirían el escenario tecnológico en 2020, en la tercera las grandes certezas e incertidumbres de ese futuro. Ahora llega el turno de hablar de las grandes metatendencias u “olas” de evolución de la tecnología del futuro.

Así que no se trata de hablar de tecnologías concretas sino de las corrientes que las definen, y las consecuencias más destacadas de la evolución intuida en los próximos años de la tecnología:

  • En cualquier momento, en cualquier lugar, para cualquiera, en cualquier aparato“: la ubicuidad de la tecnología nos lleva a un futuro en el que el acceso a información, servicios y entretenimiento esté disponible sin importar condicionantes como localización, momento o dispositivo. Esa universalización conlleva también una extensión a todas las personas del mundo, ya que la penetración de la tecnología (pensemos en los teléfonos móviles) trasciende fronteras y condiciones, alcanzando a la población de áreas rurales remotas en países donde hay carencia de casi todo lo demás. Posiblemente, el gran avance del periodo será alcanzar a la mayoría de la población en países emergentes.
  • Conectados y en Movilidad: y esa tecnología no se entiende sin la conexión, disponible en cualquier lugar y a veces continuada. Parece que estamos cerca de olvidar (para todos, aunque ya hay quien aún lo experimenta) el acto de “conectarse” a una red. La otra cara de la conexión es su independencia de un lugar físico, ya que se vuelve ubicua y móvil, y con ella todos los dispositivos usados para la comunicación, la información y el entretenimiento. Otra consecuencia es la explosión en la variedad y función de los dispositivos móviles conectados, oscilando entre una gran especialización y generalidad, e integrados en el vaivén de la moda, y formando parte de los objetos de la vida diaria.
  • Se acabó olvidar: si ya hace tiempo que estamos delegando en las máquinas operaciones cada vez más simples. Y pronto todo tipo de informaciones y recuerdos quedarán en manos de medios tecnológicos. Aunque desigual, la información en Internet cubre en profundidad y extensión todos los campos de la vida, y está acabando con la necesidad de enciclopedias y obras de consulta. Pero es que incluso estamos dejando un creciente rastro multimedia de nuestros propios recuerdos que pueden también acabar compartidos y conocidos por otros. La posible pérdida de la necesaria “gimnasia mental” (de la misma forma que hemos perdido el ejercicio físico) se compensaría con propuestas como el “mind fitness”,  para refrescar nuestras capacidades mentales de la misma forma que el “fitness & wellness” lo hace con nuestros cuerpos.
  • Nunca más perdidos: la idea de que llevar en el bolsillo un sistema de localización preciso con cartografía muy elaborada podría parecer ciencia-ficción. Ahora es una realidad que no deja de expandirse y alcanzar a más personas en todo el mundo. Al GPS en teléfonos se están añadiendo otras tecnologías de localización personal, de identificación y vigilancia ubicuas, y de presentación de la información (por ejemplo la realidad aumentada) que están haciendo que la sensación de no saber dónde se está e ignorar algo sobre nuestro entorno sea pronto cosa del pasado.
  • Human augmentation: o H+ o transhumanismo es un concepto que se basa en la idea de que la ciencia y la tecnología van a ayudarnos a mejorar las capacidades de nuestro cuerpo y nuestros sentidos. En realidad, esas capacidades aumentadas ya existen: volamos y nos desplazamos a gran velocidad, superamos enfermedades de todo tipo, sustituimos nuestros órganos enfermos, recibimos información de todo el mundo en instantes, podemos ver en la oscuridad, o manipular objetos a gran distancia, tenemos la capacidad de hablar con cualquier persona en nuestro propio bolsillo. El siguiente paso parece ser integrar esas nuevas capacidades EN nuestro propio cuerpo (sensores, implantes, actuadores). Aunque el resultado no sea tan ambicioso, el concepto está calando fuertemente y tendrá implicaciones importantes en la tecnología y la sociedad.
  • Hacer (make): aunque los fundamentos de la tecnología son cada vez más –aún si cabe- sofisticados y alejados del público, su resultado ofrece mayores capacidades y autonomía a la personas. Ahora podemos retocar imágenes, editar video, actuar como agencia bancaria y de viajes, o editar textos e imprimirlos de manera profesional, entre otras muchas capacidades antes en manos de especialistas. Una notable corriente inspirada en la filosofía del código abierto ayuda a que cualquiera pueda construir o mejorar aparatos y dispositivos electrónicos de todo tipo. La impresión 3D, la fabricación personal, estando dentro de esta corriente, pueden tener un impacto decisivo al poner en manos del público la capacidad de (re)producir objetos físicos y no sólo contenidos digitales, como hasta ahora.
  • Video: hay un crecimiento observado y continuado del volumen de video transmitido en la red, y todo parece indicar que va a ser el tipo de contenido más relevante de los próximos años. Esto supone un cambio de paradigma muy importante en un mundo aún dominado en gran medida por la voz y las letras. Si el video domina, la forma de interactuar, de acceder a contenidos, o la naturaleza de éstos y los medios que los soportan, sufrirán grandes cambios.
  • Todo será software: e incluso todo será un servicio o una aplicación. El proceso de convertir todo tipo de dispositivos o componentes físicos en su expresión software, una de las bases del cloud computing, no dejará de crecer y acelerarse. Cuando algo pasa a ser software mueren las barreras físicas y se convierte en replicable, escalable y manipulable. Incluso, de una manera muy burda, los mundos virtuales, nos convierten en software a nosotros mismos. Este paradigma se moverá hacia nuevas áreas del mundo físico a medida que más y más componentes y objetos adquieran capacidad de proceso y comunicaciones. Otro forma de convertir la realidad en software es la capacidad de replicarla (con la impresión 3D o fabricación aditiva) en cualquier momento y lugar.
  • Digireal, o Realigital: las fronteras entre los real y virtual o digital se difuminan, y ambos mundos se mezclan. La realidad recibe información de contexto suplementaria, o se recrea y moldea dentro de ordenadores. Las relaciones personales alcanzan nuevas dimensiones que no implican el contacto directo tal y como lo conocemos. Los objetos físicos se reflejan en mundos paralelos o adquieren atributos virtuales en éste. La difusión de ideas y opiniones se traslada a un mundo virtual de relaciones. Estamos intuyendo que el mundo paralelo digital puede ser más atractivo que el real, y puede que en el futuro demos pasos más decididos para acabar viviendo en aquél.
  • Cambio acelerado: todos los rasgos anteriores definen un mundo escalable, donde los cambios se aceleran y suceden, como las generaciones del software. Aunque pueda resultar una visión algo exagerada y un poco utópica, es una idea muy poderosa, adoptada por muchos de los que impulsan el desarrollo de la tecnología, y quedará reflejada en ella. Posiblemente no sea más que una expresión de una distorsión de la realidad muy habitual (esa lente que magnifica todo lo que nos es cercano en el tiempo, mientras altera nuestra percepción del pasado), pero puede tener un gran impacto mucho más allá de la tecnología.
  • Al final, personas: por encima de todo, en los motivos y como destino de la evolución tecnológica, están las personas. Nuevas formas de comunicación y conocimiento aparecerán y se desarrollará un gran esfuerzo –posiblemente infructuoso- para lidiar con la avalancha de información. El contexto y las relaciones personales serán dimensiones tratadas por la tecnología, y podríamos dejar en sus manos partes de la interacción personal. Llegar al corazón de las personas seguirá siendo el factor que determine el éxito o fracaso de una nueva tecnología, aunque el papel de la comunicación y los servicios orientados a máquinas –reales o virtuales- no deje de crecer.

Como sé que a algunos esto les sabrá a poco, y que lo que esperan son listas de tecnologías concretas, no voy a decepcionarles y a continuación dejo una recopilación de lo que muchos artículos, colecciones de predicciones y documentos de analistas consideran las tecnologías más relevantes (para reducir la lista) en los próximos años:

Dispositivos

Realidad Aumentada

Servicios contextuales

Asistentes virtuales

Energía inalámbrica

Malware móvil

Internet TV

Mundos virtuales

Conexión WiFi de dispositivos

Coches autónomos

Nuevos  interfaces

Localización

Productos y servicios

Comunicaciones y colaboración unificadas

Comunicaciones evolucionadas

Mezcla de real y digital

Análisis y arquitecturas de soporte del contexto

Patrones

Mercados de ideas

Procesamiento extremo de transacciones

Plataformas

Video

Simulación

Medicina y cuidado remotos

Tecnologías básicas

Impresión 3D

IoT

Mercados de datos personales

Ciberguerra

Cogno

Procesado complejo de sucesos

Ciudadanos desarrolladores

Traducción automática y lenguaje natural

 

Infraestructura

Comunicaciones M2M

VoIP Inalámbrica

Conexión ubicua

Cloud, y Cloud híbrida

50B/6B

Software-Defined Radio

Infraestructura para Tiempo Real

Energía

Grafeno

Nano

El fin del SO

Y sí, debería dedicar algo de espacio a explicar cada una de ellas, el porqué y sus implicaciones, pero iba a resultar un artículo excesivo para un medio como éste, y me desviaría mucho del propósito de esta serie.

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MMXX – Tendencias para 2020 (III)

Publicado por Alonso Alvarez en 2011/03/15

Continuación de la recopilación de las principales tendencias para el año 2020 recogidas en una serie de entradas. Estos artículos irán intercalados con otros que recogerán aspectos más concretos como la tecnología o la economía, por ejemplo. Al final, la idea es ordenar estas tendencias y disponerlas en un mapa que sea una vista sintética de todo el proceso.

Así que aquí están, como continuación de la primera y segunda lista de tendencias:

M2M: Las comunicaciones entre máquinas, o sin intervención de personas. Se trata de una visión en la que todo tipo de dispositivos (cámaras, coches, infraestructuras, …) y, sobre todo, sensores, estarían conectados a Internet, lo que permitiría crear una imagen más fiable, rica y actualizada de la realidad. Se trata de uno de los grandes paradigmas tecnológicos emergentes ya en implantación y cuya verdadera dimensión se apreciará en los próximos años cuando el colosal volumen de información generado pueda dar lugar a nuevos servicios y modalidades de relación entre personas y su entorno por medio de la tecnología.

Paro: ¿Hay un paro crónico, estructural, en la mayoría de las economías del mundo? Muchos países en desarrollo parecen incapaces de dar ocupación a sus generaciones más jóvenes, mientras que al mismo tiempo, en los desarrollados, una capa de parados jóvenes y mayores parecen condenados a quedar fuera del mercado de trabajo. Quizá sea un poco pronto para considerar este paro, consecuencia en muchos casos de la reciente crisis, como crónico. Lo cierto es que el ocio consecuencia de la tecnología que se prometía para el futuro hace cuarenta años, parece haberse convertido en paro, quizá consecuencia en parte de esa misma tecnología.

Cogno: Las ciencias relacionadas con el modo de funcionamiento de la mente humana están en medio de una revolución, y se ven como uno de los grandes campos de desarrollo humanos. Por un lado se está ahondando en los mecanismos fisiológicos del cerebro, lo que puede desembocar en todo tipo de avances de tipo médico, y herramientas de mejora, y no sólo para reparar disfunciones. Por otro, se ahonda en la comprensión de los mecanismos de la consciencia, la inteligencia, la memoria y el razonamiento. La simulación de los procesos cerebrales es una posible consecuencia de todo este trabajo y, si fuera posible, permitiría crear una nueva generación de software realmente inteligente capaz de superar los principales problemas de la inteligencia artificial (razonamiento, reconocimiento de imágenes y lenguaje) y hacerlo en un entorno escalable.

Talento: muchos análisis y predicciones coinciden en destacarlo como el factor más importante en la empresa del futuro –al menos en los países desarrollados. Parece que viviremos un desprestigio –aún mayor- de la labores manuales. Al mismo tiempo una sobreformación y excesiva especialización parece ir en contra de los trabajadores del futuro. Muchos estudiantes de hoy trabajarán en empleos que aún no existen, y que requerirán una formación continuada que seguramente no puedan dar las instituciones que conocemos. Un último elemento de incertidumbre es la capacidad de la empresa del futuro para sacar partido al talento, atraerlo y desarrollarlo. ¿Se abrirá un abismo entre dos clases de trabajadores?

Abierto: sobre todo cuando hace referencia al conocimiento y los contenidos. Con independencia de polémicas sobre copia, compartición de contenidos, piratería, y el debate sobre la propiedad intelectual, la creación de contenidos de carácter libre y la apertura de datos públicos (open data) son movimientos que se seguirán consolidando. Aunque en sus inicio ha estado asociado a la tecnología e Internet (software y hardware open source, por ejemplo, licencias CC), el libre acceso y disposición de información se ha ido extendiendo a otros ámbitos y va a tener sin duda un fuerte impacto en educación, especialmente en naciones emergentes (bibliotecas digitalizadas, libros sin derechos de autor). Otro área muy intensa de actividad es la relacionada con open data, es decir, el acceso a datos de propiedad pública (cartográficos, estadísticos) para poder ser agregados y procesados externamente.

Alimentos: el alza de los precios de los alimentos parece una tendencia que va a continuar con fuerza en el futuro. Hay muchos factores que han contribuido a ello, y no parece que vayan a cambiar en el corto plazo: crecimiento de la población, mayor capacidad de gasto y gustos más refinados en países emergentes (por ejemplo, mayor consumo de carne), migración del campo a la ciudad (menos mano de obra productora y edificación sobre terrenos fértiles), y el impacto de los biocombustibles. El margen entre la capacidad de producción de alimentos y la demanda no es muy amplio, lo que hace los problemas en la producción, sobre todo climáticos, tengan un impacto enorme. El desarrollo económico está haciendo que algunas naciones (como China e India) pasen a ser dependientes de las importaciones. Una de las apuestas de futuro es una revolución “verde” en África, similar la vivida en la India hace 40 años o en Brasil en tiempos más recientes.

Migraciones: el siglo XXI podría ser el de los movimientos de población y las migraciones. La globalización y sus consecuencias económicas, motivos climáticos, o políticos pueden poner en movimiento a una masa cada vez mayor de personas entre países y continentes. Al desarraigo, el aislamiento y la precariedad como consecuencias negativas, puede acompañar el nacimiento de una cultura global, y una nueva clase internacional sin las raíces ni referencias a las que estamos acostumbrados.

Meta-ciudad: desde la época de las ciudades-estado su papel ha ido quedando relegado frente al de las distintas formas de Estado. Sin embargo, estamos viviendo un momento de auge de la ciudad como centro económico y cultural muy superior a su relevancia política actual. Su influencia se extiende a cientos de kilómetros a la redonda, cruzan fronteras y llegan a superar al del propio estado que los alberga. Podrían ser algunos de los agentes decisivos en la organización del mundo futuro.

Transhumanismo: la evolución de la medicina ha ido desde reparar a prevenir, y el siguiente paso sería el de mejorar. El transhumanismo, humanidad aumentada o H+ defiende la mejora de las capacidades humanas por medio de la tecnología y la medicina. Ya no se trataría de curar la ceguera, corregir o prevenir la miopía sino de, por ejemplo, añadir la capacidad de unos prismáticos a la visión humana. Estos conceptos se verán implementados progresiva y tímidamente en los próximos años, pero la idea (no conformarse con las capacidades propias, ir más allá de la Naturaleza)  ya se está calando en la cultura e influirá en la evolución tecnológica de los próximos años.

Competitividad: siendo uno de los componentes básicos de nuestro mundo, podríamos verla crecer a una escala inimaginable como consecuencia de la profundización de la globalización. Ya no sólo se trata de competir en precios por productos básicos, el próximo desafío es la competencia en productos de calidad y en innovación. Esta competitividad se traslada también a los mercados laborales: en lo que respecta al talento y el conocimiento experto (y a una gama cada vez más amplia de servicios), competimos con personas que viven a miles de km de distancia y que se basan en medios tecnológicos para acceder a nuestro mercado local.

Interdependencia: como consecuencia de una globalización cada vez más extendida. Alimentos, transporte, productos de todo tipo, o servicios cruzan fronteras ayudando a establecer relaciones de dependencia cada vez más intrincadas y complejas. La autosuficiencia será cada vez más utópica. Eso sí, hay que tener en cuenta que este proceso ya se produjo hace cien años y la Gran Guerra y sus consecuencias hicieron retroceder comercio e intercambios mundiales durante más de 50 años.

Innovación abierta: el modelo de innovación clásico, de laboratorio, secreto y exclusividad, está en retroceso. La innovación abierta, que supone la aportación enriquecedora de entidades externas a la que lidera la innovación (incluyendo consumidores de a pie), se está difundiendo y aplicándose en un número creciente de empresas, organizaciones y campos. El futuro inmediato parece ser el de la innovación abierta.

Desintermediación: las tecnologías asociadas a Internet están acabando con el papel del intermediario. En el comercio es cada vez más fácil adquirir productos en toda clase de modalidades al margen de los canales tradicionales, incluso a través de fronteras. Por otra parte, las personas son capaces de realizar con ayuda de medios tecnológicos un número mayor de tareas especializadas que antes requerían depender de terceros. Este proceso se seguirá ampliando y afectando a un número mayor de funciones y servicios. Una hipotética “fabricación personal” sería una consecuencia de este movimiento.

Pobreza y desequilibrio: aunque hay un proceso continuado de reducción de la pobreza absoluta, las desigualdades se mantendrían en el futuro, sobre todo en regiones en desarrollo con alto crecimiento demográfico. En tiempo de crisis y en países emergentes se están ampliando las diferencias entre ricos y pobres. El impacto sobre la clase media, sobre todo en los países desarrollados (deterioro y retroceso) podría empujar esa corriente.

Envejecimiento y rejuvenecimiento: mientras en las sociedades desarrolladas la población continuará envejeciendo (en un proceso que alcanzará a medio plazo a China), en los países en desarrollo será la población joven la que siga creciendo hasta suponer los menores de 18 años más de la mitad de la población de África en 2020. En el primer caso se agravarán las tensiones sobre los sistemas de asistencia y pensiones, suponiendo un esfuerzo económico cada vez mayor. El desarrollo tecnológico encaminado a aliviar estas tensiones (teleasistencia, telemedicina), aunque grande, no acabaría de tener un impacto significativo. En el otro extremo, en muchos países en desarrollo la excesiva población juvenil supondrá tensiones si no es capaz de conseguir trabajo y perspectivas de futuro, incrementando el descontento.

Todas las entradas de esta serie dedicada al año 2020 pueden encontrarse en la sección MMXX del blog.

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Nuestro cuerpo no está hecho para durar: una lección de las tasas de mortalidad humanas

Publicado por Alonso Alvarez en 2009/08/13

La mayor parte del contenido de esta entrada procede del excelente artículo “Your body wasn’t built to last: a lesson from human mortality rates” (en inglés), en el blog “Gravity and Levity“, que recomiendo para una lectura detallada incluyendo los comentarios y respuestas del autor.

Habiendo hablado recientmente de los transhumanistas y de las aspiraciones a prolongar la vida de los defensores de la Singularidad, las reflexiones que se hacen en Gravity and Levity acerca de la Ley de Gompertz merecen un comentario.

Benjamin Gompertz es un matemático autodidacta (no pudo acceder a la Universidad por ser judio) que en 1825 enunció una ley sobre la mortandad a la vista de los datos que recogían en censo inglés de la época. Esta ley se deriva de los trabajos de Malthus. Lo más sorprendente es que esa ley sigue funcionando tras casi doscientos años de medicina, y que es aplicable a todas las especies animales (o a otro tipo de “poblaciones” como los tumores) usando los parámetros apropiados.

Donde N(t) es el número de individuos en un tiempo t. N’(t) es la derivada con respecto al tiempo, r la tasa de crecimiento, y K el número de individuos en equilibrio. Hay más información sobre la curva de Gompertz en la Wikipedia y en Wolfram Mathematica.

No hay una explicación satisfactoria al porqué, pero lo cierto es que, aplicada a nuestra especie: la Ley de Gompertz dice que probabilidad de morir se duplica cada 8 años. Así, una persona de 25 años en un país desarrollado tiene una probabilidad de morir de 0,03% o de 1 en 3.000, mientras que con 33 años esta probabilidad será de 1 en 1.500. De acuerdo con esta proporción, la probabilidad de llegar a su próximo cumpleaños para una persona con 100 es sólo del 50%. Esta proporción se muestra gráficamente con estas curvas obtenidas en Wolfram Alpha:

Estas curvas, tomadas del censo real de 2005 en Estados Unidos, se ajustan casi perfectamente a lo predicho por Gompertz (exceptuando una pequeña desviación conocida en los extremos que se corresponden con los casos de personas que superan los 100 años).

El hecho de que podamos usar la misma fórmula (y obtener la misma curva) en 2005 y en 1825 nos dice que las mejoras en la medicina, la higiene, la alimentación y la tecnología en general no la afectan. Son malas noticias para transhumanistas y defensores de la Singularidad que hablan de vivir 130, 150, 200 y más años de manera habitual. Desde luego eso no podrá ocurrir con nuestros cuerpos.

Para hacerse una idea de lo que significa la aplicación de la curva de Gomperts, en Gravity and Levity” recurren a dos concepciones populares de los mecanismos que rigen la mortandad.

En primer lugar se parte de la idea de que si la esperanza de vida de un persona se puede cifrar en, por ejemplo, 81 años, la probabilidad de morir cada viene a ser de 1 en 81. La bautiza como la “teoría del rayo” ya que nuestra experiencia de la muerte es como algo tan repentino y arbitrario como la caida de un rayo.

Esta idea, tan razonable intuitivamente, nos deja una curva irreal y opuesta a lo que conocemos:

Es decir, que habría una probabilidad cierta de superar ampliamente los 100 (y los 200) años. Algo que es evidente que no se cumple.

Como parece una aproximación muy simplista, propone una revisión de esta “teoría del rayo” en la que se añade el daño acumulado en nuestro cuerpo por la edad y las enfermedades, lo que haría más vulnerable a las personas de mayor edad. En este caso, la curva se corrige, pero sigue teniendo un perfil irreal:

Es decir, una vez más no podemos reproducir el comportamiento real con suposiciones y aproximaciones más o menos racionales. La curva de Gompert representa obstinadamente el comportamiento observado de la población, y lo que es más llamativo, con independencia de época o factores como el desarrollo de la sanidad y la alimentación (salvo, claro está, elementos disruptores como pandemias o hambrunas).

Recomiendo la lectura del artículo y sus comentarios. Para quien quiera ver el lado lúdico del tema, hay una calculadora web de probabilidad de morir según edad que no puede dejar de usar:

DPC

http://en.wikipedia.org/wiki/Gompertz_law

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H+: transhumanismo

Publicado por Alonso Alvarez en 2009/07/29

Ya se ha mencionado el tema del transhumanismo en alguna ocasion. Creo que merece dedicarle unas líneas, aunque sea para ir completando el catálogo de la prospectiva o futurismo de este inicio de siglo.

Aunque minoritario, el transhumanismo es un movimiento muy bien fundado y estructurado. En el pasado, la medicina se ha visto como un medio para evitar la muerte prematura, primero, y para garantizar una calidad de vida mínima después. Los transhumanistas creen que la ciencia debe dar un paso más y servir para superar las limitaciones del cuerpo y mente humanos, incluida la molesta costumbre de morir.

Existe la idea generalizada que de la cultura ha terminado con la evolución. Los mecanismos de la selección natural parecen haber dejado de tener sentido en nuestros días. Aunque también podría ocurrir que la escala a la que ocurren los cambios no es perceptible por nosotros. Los transhumanistas quieren usar la ciencia para obtener mejoras individuales, controlando una nueva forma de selección natural.

El transhumanismo está muy relacionado con la Singularidad tecnológica. Muchos de los defensores de la Singularidad esperan que traiga también una serie de mejoras sobre nuestras capacidades naturales. Esto incluye la Mejora definitiva: superar la muerte.

Los transhumanistas (estrictamente “humanos transitorios”) tienen como objetivo último la posthumanidad, el momento en el que la especie humana controlará su futuro ampliando sus capacidades por medios tecnológicos. Una visión un poco extrema, que hace que el transhumanismo, a pesar de ser un movimiento muy minoritario, atraiga una atención -crítica- muy superior a su importancia real.

Todas las corrientes de body hacking y brain fitness tienen mucho que ver con el transhumanismo, ya que serían herramientas necesarias para alcanzar ese objetivo último. Además del uso de complementos tecnológicos para superar las barreras de nuestros cuerpos y mentes, hay otros dos objetivos principales en la mira del transhumanismo: por un lado la manipulación genética que supliría la selección natural y “consolidaría” las mejoras alcanzadas; y por otro la migración de la consciencia a entidades artificiales, pasando por seres biomecánicos o cyborgs. Este último objetivo es también bastante popular entre destacados defensores de la Singularidad (Ray Kurzweil por ejemplo, espera alcanzar a conocer el momento en el que la inmortalidad sea viable por estos medios).

Como concepción de la naturaleza humana que es, no debe extrañar que el movimiento transhumanista cuente con varios filósofos en sus filas. Por ello, y por contar con una historia relativamente larga (desde los años 60, aunque sus postulados pueden rastrearse en el pasado), cuenta con unas notables bases teóricas que atañen a aspectos conceptuales, legales (el derecho a la modificación propia y de los descencientes), o tecnológicos. Además hay una organización, la H+ -un nombre insuperable- hasta hace poco conocida como WTA (World Transhumanist Association) que organiza conferencias, difunde documentos e informaciones sobre la temática.

Un elemento central de esta corriente es el informe de 2002 “Converging Technologies for Improving Human Performance“[PDF] resultado de un workshop promovido desde la National Science Foundation y el Departamento de Comercio de los Estados Unidos, organizaciones fuera de toda sospecha de pertenecer al movimiento. En él se analizan las posibilidades de la nanotecnología, la biotecnología, las tecnologías de la información y cognitivas (NBIC) como motores para mejorar las capacidades humanas.

La “flecha” NBIC

El informe es muy extenso (casi 500 páginas) y profundo en ciertas partes, pero merece la pena una lectura atenta de ciertas secciones. Las conclusiones son bastante positivas hacia recomendar una inversión decidida y prioritaria en las tecnologías que ayuden a mejorar nuestras capacidades. Identifica numerosos campos de aplicación y hace una llamamiento a todo tipo de organizaciones para que dirijan sus esfuerzos a estos campos, como motor del desarrollo del siglo XXI.

Las ideas transhumanistas están penetrando rápida e inadvertidamente en la sociedad . Además de en la ciencia-ficción (películas como “Gattaca”, o “Matrix”), también están en la literatura convencional (las obras de Houellebecq por ejemplo), la publicidad, o la propia concepción de nuevas tecnologías como la realidad aumentada, o los productos como plataformas extensibles y hackeables.

Con independencia de que vivamos o no para ver si los transhumanistas alcanzan sus últimos objetivos, estas ideas van a estar circulando durante todo el siglo cimentando una nueva concepción de la persona.

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La singularidad: una visión entusiasta

Publicado por Alonso Alvarez en 2009/06/25

Tenemos en La Singularidad, una vez más, una idea sugestiva con un nombre atractivo, una combinación imbatible.

El punto de partida de La Singularidad (así, con mayúsculas) son gráficos como éste, y el conocimiento previo de la Ley de Moore y otras reglas similares aplicadas a la tecnología:

Ley de Moore

Es decir, que la progresión en el desarrollo tecnológico que vivimos cada día (más Megabits, más Megahercios, más Gigabytes, más Megapixels) es continua y además se acelera por ser una progresión geométrica. Si echamos la vista atrás así ha sido, y parece que las condiciones para continuar esta progresión se mantienen.

Así que si la capacidad física de las máquinas se duplica aproximadamente cada 18 meses (que es lo que dice ahora la Ley de Moore), y aunque periódicamente parece que se llega a puntos insalvables en esta progresión, finalmente son superados con limpieza con nuevas mejoras tecnológicas. Si eso ocurre con la capacidad física, también se puede aplicar a la capacidad de cálculo, y por extensión a otras capacidades como la presumible inteligencia de las máquinas. De esta forma podemos pensar que un día se alcanzará una capacidad equivalente a la de un ser humano, e incluso más allá, aunque eso no suponga necesariamente inteligencia, consciencia o creatividad. Si podemos contar con máquinas con la capacidad de razonamiento o reconocimiento de imágenes de una persona, seremos capaces de replicar esa potencia en múltiples máquinas tal y como ocurre ahora con servidores y supercomputadores, y puesta toda esa capacidad al servicio de la resolución de problemas de ingeniería, por ejemplo, debería dar lugar a un salto enorme en el conocimiento y la tecnología.

Ese momento, y sus consecuencias es –será- La Singularidad tecnológica, un tiempo de avances técnicos y científicos sin equivalente en la historia que cambiará por completo las vidas de quienes lo experimenten, y el mundo conocido. La Singularidad cuenta con una visión de un mundo futuro mejor (y hasta trascendente) propio de creencias religiosas, y tiene una corte de fervorosos creyentes, pero es que también tiene un profeta: Ray Kurzweil.

Aunque la idea de la Singularidad (y el propio término) tienen casi 50 años, y se atribuye, entre otros, a Von Neuman, hay dos personajes muy destacados cuando hablamos de este concepto. Por un lado tenemos a Vernor Vinge, matemático, escritor de ciencia ficción, y autor de un manifiesto sobre la Singularidad en 1993 (“The Coming Technological Singularity: How to Survive in the Post-Human Era”).

El otro personaje, seguramente más conocido es Kurzweil, que como su más entusiasta defensor es quien ha asociado su nombre al de este concepto. Ray ha tocado muchos campos, pero es en la Inteligencia Artificial donde más ha destacado. Es quien defiende que esa singularidad dará lugar a una nueva inteligencia tecnológica que superará a la inteligencia humana individual, y con el tiempo al conjunto de la inteligencia colectiva humana.

Kurzweil ha escrito un libro, “The Singularity is near”, mantiene una web y blog dedicados a rastrear las pistas del inminente advenimiento de la Singularidad, y recientemente ha entrado a dirigir la Universidad de la Singularidad, bajo el amparo de la NASA y financiación de Google entre otros. Esto puede dar una idea de la influencia del concepto de Singularidad en la comunidad científica y técnica.

Una vez aceptada la llegada futura del momento de la Singularidad, hay que empezar a reflexionar sobre sus consecuencias. Aunque no pasa de ser una conjetura –por muy atractiva que pueda parecer- sorprende la cantidad de estudios, predicciones, artículos y hasta libros dedicados a estudiar y prever su impacto.

Según sus –entusiastas- defensores, la Singularidad afectará a muchos campos, no sólo a la tecnología de computación o la Inteligencia Artificial: neurología, la nanotecnología, biología o economía, y por encima de todas ellas, la vida humana en su forma y su esencia. La Singularidad tiene una fuerte relación con el transhumanismo y habla de un mundo tras la humanidad. El transhumanismo, por sí solo, merece un extenso artículo.

También se puede ver a la Singularidad es una fuente de estímulo y un freno para la innovación: adelantarse en alcanzarla supone adquirir el dominio sobre sus potenciales beneficios; también se ve como una forma de paliar sus riesgos, por ejemplo potenciando la Inteligencia Artificial para que ayude a contrarrestar los hipotéticos riesgos de la nanotecnología; o por último, pidiendo que se detenga la investigación en determinados campos, como en el influyente texto “Why the future doesn’t need us”.

Al final, la Singularidad relegaría a la humanidad a un segundo plano. Puede que las nuevas inteligencias artificiales adopten el control y se dediquen al cuidado de las personas, como se cuidan mascotas o niños pequeños en un escenario cercano al de la saga Matrix. Puede que nuestra propia inteligencia se enriquezca y podamos abandonar nuestros cuerpos para pasar a una existencia soportada por máquinas, pero con nuestra consciencia intacta en ellas. Puede que pasemos a llevar nuestra vida real a mundos virtuales (otra idea de Kurzweil, “The Human Machine Merger: Why We Will Spend Most of Our Time in Virtual Reality in the Twenty-first Century”). O puede, y esa es la esperanza de muchos entusiastas creyentes, que la Singularidad nos permita vivir eternamente -o casi- sobre cuerpos biológicos o biomecánicos. Kurzweil tiene como meta personal vivir lo suficiente como para llegar a la Singularidad y entonces poder beneficiarse de esa posible prolongación indefinida de la vida.

¿Y cuánto tiempo es eso? Los plazos en realidad son relativamente cortos, y se mueven entre el 2035 y el 2050. Dado que el proceso hacia la Singularidad se acelera año a año (“Accelerating-Intelligence News” se llama un blog muy representativo) es posible, siempre según sus defensores, que llegue antes de lo que pensamos.

Pronto, veremos la otra cara, la visión escéptica sobre la Singularidad.

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